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Chatarra sobre ruedas: corrupción policial que mata

La orografía de La Paz no perdona. Sus pendientes y calles sinuosas exigen que cualquier automóvil que transite por ellas se encuentre en condiciones mecánicas óptimas. No obstante, la realidad que golpea el asfalto paceño semana tras semana es radicalmente distinta. Los recientes accidentes vehiculares en la urbe no son simples “azares del destino” ni meras imprudencias de un conductor, sino la consecuencia de una Inspección Técnica Vehicular que se ha degradado hasta convertirse en un cínico “saludo a la bandera”, plagado de corrupción.
Caminar por las avenidas troncales o descender por las laderas de la sede de Gobierno es presenciar un museo de la obsolescencia en movimiento. Gran parte del parque automotor, especialmente dedicado al servicio público, es chatarra que sobrevive a fuerza de parches y malos arreglos, repuestos de segunda mano y una preocupante falta de mantenimiento preventivo. Frenos que fallan en bajadas pendientes, direcciones que se bloquean y llantas lisas que patinan ante la primera llovizna son los ingredientes de una receta mortal que ya ha segado demasiadas vidas en lo que va del año.
El problema de fondo no es solo la antigüedad de los coches, sino la complicidad policial que permite su circulación. La Inspección Técnica Vehicular, gestionada por la Policía Boliviana, debería ser el filtro riguroso que garantice la seguridad ciudadana. En teoría, es el momento en que mecánicos calificados verifican luces, frenos, emisión de gases y estado del motor. En la práctica, todos los paceños saben que la ITV es un trámite recaudatorio donde el examen real brilla por su ausencia. Basta con hacer la fila, presentar los documentos y esperar que un efectivo policial le dé un vistazo superficial al coche para obtener la roseta. En el peor de los casos, la corrupción menuda acelera el proceso, sin que el vehículo siquiera pase por una revisión mínima.
¿Cómo es posible que camiones de alto tonelaje o minibuses con décadas de uso sigan recibiendo el visto bueno año tras año? La respuesta incomoda: la ITV no busca salvar vidas, en muchos casos, con honrosas excepciones, busca coimas y cumplir con una formalidad administrativa. Mientras la inspección siga siendo un examen visual de cinco minutos con sobornos de por medio, las calles de La Paz seguirán siendo escenarios de tragedias evitables.
La inspección técnica debe salir del ámbito exclusivamente policial para pasar a centros de revisión técnica automatizados y auditables, similares a los de países vecinos, donde el diagnóstico lo dé una máquina y no el criterio (o el bolsillo) de un funcionario. Asimismo, se requiere un plan serio de chatarrización que permita renovar el parque automotor de servicio público con incentivos reales, y no solo con amenazas de multas (que nunca son cobradas).
No podemos seguir normalizando el luto. Cada vez que un vehículo se queda sin frenos y embiste a peatones o colisiona contra viviendas, hay una responsabilidad compartida: del propietario que prioriza el ahorro sobre la vida, y de una Policía que firma certificados de buena salud para máquinas que son, en esencia, ataúdes con ruedas.

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