InicioSeccionesOpiniónLa mediación ha de abrirse paso en el ámbito de la salud

La mediación ha de abrirse paso en el ámbito de la salud

La mediación es una herramienta que proporciona a los pacientes y usuarios de los servicios de salud y a los profesionales que trabajan en ellos, la posibilidad de gestionar de forma alternativa a la vía judicial la resolución de los conflictos en los que puedan verse inmersos.
La gestión alternativa de conflictos y la mediación en particular se caracterizan por la flexibilidad de sus trámites, la agilidad de los procedimientos y los menores costes económicos y personales para los interesados, sean los profesionales sanitarios implicados o los pacientes o sus familias.
Los principios básicos que presiden la mediación son: la voluntariedad, la imparcialidad y neutralidad del mediador, la confidencialidad y la buena fe que debe presidir todo el proceso en el que las partes deben participar personalmente. Su finalidad no es otra que tender al acuerdo y al restablecimiento de la relación que se ha visto afectada negativamente cuando no quebrada por el conflicto y de la confianza entre las partes. En definitiva, de lo que se trata con la mediación es de facilitar la comunicación entre las partes en conflicto para que gestionen ellas mismas una solución con la asistencia del mediador. Sin ganadores ni perdedores, guiados por el principio win-win.
La cultura de nuestra sociedad es ajena a esta forma particular de resolver conflictos entre las personas. Somos una sociedad litigiosa y buena prueba de ello es el incesante aumento de reclamaciones judiciales derivadas de la atención sanitaria recibida.
La mediación mejora la comunicación y las relaciones entre las partes en litigio, da oportunidad a las partes de ser escuchadas directamente y tener el control del proceso cosa que no ocurre en los procedimientos judiciales. Si concluye con acuerdo da mayor satisfacción y si lo hace sin acuerdo sirve al menos para clarificar y delimitar el alcance de la controversia.
Es una evidencia que las organizaciones sanitarias son de las más complejas, tanto por su composición como por el servicio que prestan y las altas expectativas que generan a la ciudadanía en cuanto a la eficacia de sus tratamientos en la curación de las enfermedades del cuerpo y el alma.
La existencia de conflictos entre profesionales o entre éstos y sus pacientes o usuarios de los servicios sanitarios es inevitable. Cabe tener presente que cuando los conflictos surgen, sobre todo si son derivados de errores, negligencias o malas prácticas que producen un daño o lesión inesperados, tienen una alta carga de sensibilidad y de emociones aparejadas. (Continuará).

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