Desde una perspectiva religiosa, los milagros se entienden como acontecimientos extraordinarios que trascienden la explicación proporcionada por las leyes naturales o los conocimientos científicos disponibles y que, por ello, son atribuidos a una intervención sobrenatural de origen divino. Sin embargo, cuando se trata de acontecimientos que supuestamente desafían toda explicación racional, la Iglesia católica ha mantenido, históricamente, una actitud de prudencia, sometiendo muchos de estos fenómenos a procesos rigurosos de estudio e investigación que, en determinados casos, pueden prolongarse durante años.
En Bolivia, operan algunas agrupaciones religiosas de procedencia extranjera, las cuales alquilan espacios televisivos al finalizar la programación diaria, para predicar la “santa palabra” mediante supuestas manifestaciones milagrosas. En estos programas son presentados testimonios de personas que aseguran haber superado enfermedades complejas, como el cáncer, la diabetes, el reumatismo, la gastritis crónica e incluso la leucemia, todo gracias a la ingesta de un supuesto “tratamiento de agua bendita”. La credibilidad de estos relatos resulta particularmente cuestionable cuando los propios fieles se dirigen a los pastores como “doctores”, mientras éstos, lejos de aclarar que no necesariamente poseen formación médica, aparecen vestidos con guardapolvos blancos, una indumentaria que puede inducir a confusión respecto a sus verdaderas competencias profesionales. Así, la autoridad religiosa se entremezcla con los símbolos propios de la medicina, otorgando una apariencia de legitimidad sanitaria a prácticas cuya eficacia terapéutica es irrisoria.
Es indiscutible que la libertad de culto constituye un derecho fundamental que garantiza a las personas y a las comunidades religiosas la posibilidad de profesar sus creencias sin injerencias arbitrarias del Estado. Sin embargo, este derecho no puede interpretarse como una autorización para engañar a los creyentes mediante promesas de curación carentes de fundamento científico. El escritor español, Pepe Rodríguez, especialista en el estudio de sectas y de mecanismos de persuasión coercitiva vinculados a las creencias religiosas, advierte sobre las estrategias, mediante las cuales, determinados grupos, pueden llegar a debilitar el juicio crítico de sus seguidores.
Las consecuencias de estas prácticas no se limitan al terreno de la credulidad religiosa, sino que pueden comprometer seriamente la salud y la vida de quienes recurren a ellas. El abandono o la postergación de tratamientos médicos convencionales, a favor de supuestas soluciones milagrosas, constituye un riesgo que no debe minimizarse. Cuando se induce a una persona enferma a creer que el agua supuestamente bendecida puede sustituir una terapia médica, no estamos simplemente ante una diferencia de interpretación teológica, sino ante una situación que puede producir consecuencias concretas y potencialmente irreversibles.
Es precisamente aquí donde aparece la dimensión económica de este fenómeno. ¿Dónde reside el negocio detrás de estos milagros aparentemente cotidianos? Pepe Rodríguez, advierte también sobre la manera en que determinados grupos religiosos pueden aprovecharse de la vulnerabilidad social, emocional y médica de sus seguidores para solicitar donaciones que, en algunos casos, comprometen seriamente el patrimonio personal o familiar.
Ante estos indicios, correspondería a las autoridades competentes investigar, dentro del marco legal vigente, las actividades de estas agrupaciones, especialmente cuando existan elementos que permitan sospechar engaño, publicidad sanitaria fraudulenta o perjuicios médicos para sus seguidores.
Dios continúa manifestándose en la historia de la humanidad, y reconocer esa posibilidad no impide cuestionar a quienes convierten lo sobrenatural en espectáculo y la desesperación ajena en una oportunidad de negocio. La auténtica experiencia religiosa no debería fundarse en promesas de curación instantánea o exhibiciones de dudosa credibilidad. Desde la perspectiva cristiana, el centro de la revelación no se encuentra en la espectacularidad de los prodigios ni en la rentabilidad de las prácticas religiosas, sino en el sacrificio de la cruz, que expresa la entrega de Dios por la humanidad, y en la magnificencia del Amor que se ofrece sin manipular, someter, ni explotar a las personas. Es por ello que resulta necesario distinguir entre la auténtica vivencia religiosa y las prácticas que se amparan en ella para lucrar. Los milagros pueden suscitar interrogantes; los negocios jugosos, en cambio, merecen una investigación rigurosa.
El autor es teólogo, escritor y educador.
