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Síndrome de la cara vacía

Una interesante nota publicada en Infobae alerta sobre un nuevo problema que se le presentará a la sociedad con carácter inmediato y que puede derivar en numerosos casos de ansiedad, miedo y estrés, debido a un sentimiento de desprotección causado por la flexibilización en el uso de mascarillas, que ya están aplicando distintos gobiernos en el mundo. Recordemos que en La Paz se dio a conocer que probablemente se dejará los barbijos en un corto tiempo.
Puntualiza la publicación digital argentina, con base en artículos de Reuters, que “dejar de usar cubrebocas se convierte en un conflicto para cierto grupo de personas, en especial jóvenes. A más de dos años del inicio de la pandemia del coronavirus en el mundo, los casos graves descendieron en todos los países y los gobiernos tienden a levantar las medidas de prevención sanitaria. Más pronto que tarde, podremos volver a pasear por espacios cerrados, laborales y recreativos, a cara descubierta, un momento para el que también es importante prepararse psicológicamente, ya que algunos pueden sufrir lo que los expertos denominan el “síndrome de la cara vacía”.
La Asociación Estadounidense de Psicología (APA) destaca que casi la mitad de la población está preocupada por volver a la normalidad. Más de dos años de vivir bajo el yugo de la pandemia, el quedarse en casa, el cumplir con el distanciamiento social y, por supuesto, el uso de barbijos como escudo contra los virus, provocó que muchos se encuentren incómodos ante el cambio de circunstancias. Por todo esto creen que la ansiedad causada por la falta de mascarilla es natural. Se trata de una condición asociada con la incomodidad de estar con la cara descubierta, en medio de la pandemia todavía en curso por la retirada de barbijos. Este síndrome, conocido como “mask fishing” puede tener dos orígenes diferentes: el miedo a mostrarse a los demás y la fobia a contagiarse. No obstante, afecta en mayor medida a los adolescentes, ya que los agarra en una etapa de la vida de crecimiento personal y físico, aspecto en el que sufren muchos cambios.
Según David A. Moscovitch, profesor de psicología de la Universidad de Waterloo, “la ansiedad social es una forma que podría desencadenarse debido a los mandatos de no enmascaramiento. Los expertos creen que los niveles de ansiedad pueden aumentar, ya que uno puede sentirse incómodo al interactuar con personas sin máscaras o puede sentirse cohibido por ello, y puede resultar difícil para las personas revelarse de nuevo ante otros a corta distancia y sin máscaras”. Los protocolos de mascarilla durante la pandemia aumentaron las luchas contra la ansiedad social que se caracteriza por un miedo intenso y persistente a ser observado y juzgado por los demás, añade el docente.
Mientras para la psicóloga argentina Pilar Conde, “la ansiedad social puede afectar a quienes sienten más temor del habitual a ser evaluados, se sienten inseguros ante la opinión que los demás puedan tener de ellos sin mascarilla. Pero también los adolescentes y jóvenes son otro grupo a los que les puede costar quitarse la mascarilla y sufrir de alguna manera ese síndrome de la cara vacía”. A su turno la directora de la Fundación Nuevas Claves Educativas y Máster en Orientación Familiar de la Universidad Internacional de La Rioja, en España, María Campo Martínez, dice “psicólogos y pedagogos perciben en los adolescentes un sentimiento de inseguridad a quitarse la mascarilla. La misma les ayuda a estar más cómodos en “su yo” y “temen ser rechazados o no ser aceptados del mismo modo por sus iguales, que son tan importantes para ellos”. Por ello ante ese síndrome los especialistas recomiendan: Quitarse la mascarilla de manera progresiva. Empezar donde se sientan más seguros. Enfrentarse, primero, a pequeños grupos con los que nos sintamos cómodos e ir avanzando de forma progresiva, entre otras sugerencias. Pero si la idea de prescindir de la máscara en algunas situaciones le provoca ansiedad o estrés a una persona hasta el punto de interferir en su vida, sugieren que podría valer la pena hablar con un profesional de la salud mental de confianza.
Así obran ya en el plano internacional respecto a este problema que quizás lo experimentaremos también en el país, por lo que será necesario conocer qué previsiones están tomando al respecto nuestras autoridades sanitarias.

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