En esta ocasión permítanme hablar de la vida de dos personalidades que llevaban trabajo público, absolutamente agitados; desenvolvimiento que conocían todos sus coterráneos de un pequeño poblado de Gabriel García Márquez. Sí, hablamos de los señores Joaquín González, uno sacerdote y otro taxista, para comprender y explicar la teoría de gestión por resultados. Así empieza esta historia:
Había una vez en un pueblo (Macondo) dos hombres que se llamaban Joaquín González. Uno era sacerdote, el otro era taxista. El destino quiso que los dos mueran el mismo día. Entonces, llegan al cielo, donde los espera San Pedro. ¿Tu nombre?, pregunta San Pedro al primero. Joaquín González, le responde. ¿El sacerdote? No, el taxista. San Pedro consulta su planilla y dice: Bueno, te has ganado el paraíso. Te corresponden esta túnica de seda y esta vara de oro con incrustaciones de rubíes. Puedes pasar. Gracias, dice el taxista.
Pasan dos personas más, y luego le toca el turno al otro Joaquín, quien había presenciado la entrada de su paisano. ¿Tu nombre?, le dice San Pedro. Joaquín González, le responde. ¿El sacerdote? Sí, muy bien, hijo mío: Te has ganado el paraíso. Te corresponde esta bata de poliéster y esta vara de plástico. El sacerdote dice: Perdón, no es por presumir, pero debe haber un error. ¡Yo soy Joaquín González, el sacerdote! Sí, hijo mío, te has ganado el paraíso, te corresponde la bata de… ¡No puede ser! Yo conozco al otro señor, era taxista, vivía en mi pueblo, ¡era un desastre como taxista! Se subía a las aceras, chocaba todos los días, una vez se estrelló contra una casa, conducía muy mal, tiraba los postes de alumbrado, se llevaba todo por delante. Y yo pasé 50 años de mi vida predicando todos los domingos en la parroquia. ¿Por qué a él le toca una túnica de seda y vara de oro y a mí esto? ¡Debe haber un error!, protestaba.
No es un error, dice San Pedro: Lo que pasa es que aquí en el cielo ha llegado la globalización con sus nuevos enfoques administrativos (gestión por resultados). Nosotros ya no hacemos las evaluaciones como antes, ¿Cómo? No entiendo… Claro, ahora nos manejamos por objetivos y resultados. Mira, te voy a explicar tu caso y lo entenderás enseguida: Durante los últimos 50 años, cada vez que tú predicabas, la gente se dormía; pero cada vez que el taxista conducía, la gente rezaba y se acordaba de Dios. Entonces, ¿quién vendía más nuestros servicios? Nos interesan los resultados, hijo mío: ¡Resultados!, gestión por resultados, lo conminaba.
La historia de los “González” permite comprender que la gestión por resultados es una teoría conocida también como administración por objetivos, que trata de mejorar el desenvolvimiento y rendimiento eficaz, eficiente y efectivo de los empleados de una entidad empresarial pública o privada, asumiendo mayores compromisos, responsabilidades e involucramiento con la visión, misión y principios de la institución para ofrecer o vender un mejor servicio a la clientela.
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