InicioSeccionesNacionalCrisis ecológica amenaza seguridad departamental

Crisis ecológica amenaza seguridad departamental

> En el marco del Día Mundial de la Ecología, el reconocido doctor en ecología, Enzo Aliaga, en entrevista exclusiva con EL DIARIO, advierte sobre el colapso inminente de los ecosistemas paceños ante la presión urbana y el extractivismo.

En conmemoración del Día Mundial de la Ecología, hoy 1 de noviembre, el departamento de La Paz enfrenta un escenario de extrema vulnerabilidad socioambiental, marcado por la contaminación crítica de sus ríos metropolitanos, la alarmante reducción de sus recursos glaciares y la devastación de los corredores biológicos en el norte paceño.
La situación ambiental en el departamento de La Paz demanda una revisión profunda, más allá de los discursos oficiales. El doctor en Ecología, Evolución y Biología de la Conservación, Enzo Aliaga Rossel, en entrevista exclusiva con EL DIARIO, expone un diagnóstico lapidario sobre la salud de los ecosistemas locales, señalando que la degradación avanza de manera acelerada debido a la confluencia de factores urbanos, institucionales y extractivos.
El deterioro de los afluentes urbanos en el eje metropolitano representa una amenaza directa para la seguridad y la salud pública. Al respecto, el experto advierte de forma categórica:
Estado de los afluentes: “la salud ecológica de los ríos metropolitanos de La Paz y El Alto es crítica y presenta un deterioro avanzado”.
Aliaga detalla que todos los ríos de la cuenca endorreica padecen una “contaminación evidente, por aguas servidas, minería ilegal, y basura”, convirtiéndose en un riesgo latente para las poblaciones que consumen recursos hídricos aguas abajo.
Impacto biológico y agrícola: los cuerpos de agua reciben una alta carga de residuos industriales y patógenos entéricos que alteran drásticamente la fauna acuática y los invertebrados esenciales para la depuración natural, advirtiendo que “aguas contaminadas incluidos tóxicos y minerales pesados, son las utilizadas en riego aguas abajo”.
Impermeabilización urbana: sobre la expansión de superficies construidas, el especialista explica que este fenómeno “reduce la infiltración natural del agua en el suelo”, generando una escorrentía superficial rápida y voluminosa que “sobrecarga los sistemas de drenaje, intensifica la erosión de las riberas y eleva significativamente el riesgo de desbordamientos e inundaciones durante las lluvias”.
La alta dependencia del agua potable urbana respecto a los glaciares de la Cordillera Real enfrenta los estragos del cambio climático. Ante este panorama, Aliaga sostiene que, si bien “el departamento de La Paz no puede detener el retroceso glaciar, sí puede evitar que se convierta en una crisis hídrica” mediante la construcción de un sistema de gestión diversificado y con gobernanza real.
Sin embargo, esta meta choca con la falta de priorización política, ejemplificada en el nevado Illimani: “el cerro Illimani es símbolo indiscutible de La Paz, aparece en su escudo y su imagen está ligada a la identidad paceña. Sin embargo, detrás de esa imagen icónica, la intensiva actividad minera en la parte de atrás, aumenta indudablemente el retroceso de sus glaciares (ha perdido más del 40% de su volumen en las últimas décadas)”.
Más allá de los valles y el altiplano, la transición ecológica hacia la Amazonía y los Yungas sufre un proceso de desarticulación profunda. La expansión minera responde únicamente a intereses sectoriales: “La minería ilegal, solo beneficia a un grupo minoritario, que responde solamente a intereses sectoriales, y no así en la población o la diversidad y riqueza de Bolivia”.
Como muestra visible de esta destrucción, el experto menciona que “el río Kaka, que antes era fuente de abundante pesca, hoy es turbio de lodo y niveles de mercurio”. Esta actividad fragmenta corredores biológicos, destruye bosques de galería y provoca que el metilmercurio se bioacumule en peces, superando los límites de la OMS y generando afectaciones neurotóxicas en comunidades indígenas ante la indiferencia de las autoridades.
Frente a los recurrentes desastres en laderas inestables y zonas de recarga hídrica, Aliaga apunta directamente a la raíz institucional del problema: “este es un problema que se ve cada año con derrumbes y deslizamientos de casas, gente afectada, culpando a todos, y aun así construyendo en sitios que se sabe no son aptos. Es una falta de voluntad política total, permisividad y falta de comprensión a nivel ecológico, debiendo transformar y cambiar el tipo de ciudad a una que se amolde a las características geológicas y ecológicas del valle de La Paz”.
Al ser consultado sobre el discurso ambientalista frente a la crisis y líneas rojas innegociables el especialista cuestiona el contraste entre la retórica gubernamental y la realidad presupuestaria. “Bolivia se caracteriza con un discurso altamente ambientalista y acorde a los objetivos de desarrollo sostenible. Sin embargo, este discurso choca con una realidad presupuestaria e institucional que favorece el corto placismo”.
Para evitar un colapso ambiental absoluto, Aliaga propone cuatro líneas rojas innegociables:
Zonas intangibles de protección absoluta: establecer la prohibición total de actividades extractivas en glaciares, bofedales y cabeceras de cuenca.
Erradicación de tóxicos: aplicar una fiscalización real y prohibir de manera efectiva el uso de mercurio y cianuro en la minería aurífera.
Preeminencia del agua: subordinar cualquier licencia extractiva al derecho humano al agua y recuperar los ríos urbanos para evitar contaminar a las poblaciones de río abajo.
Resguardo de corredores biológicos: proteger áreas estratégicas como el Illimani, Cotapata y el Madidi como infraestructuras naturales de supervivencia.
Finalmente, el investigador pidió reflexionar a la población y a las autoridades. “Todos estamos orgullosos de nuestra biodiversidad, un ejemplo es el descubrimiento del Tilcayo (…) las autoridades hacen poco por conservar o entender que cada especie y cada ecosistema donde viven, son la base misma del planeta y nuestra existencia. Pocas autoridades comprenden la importancia y la riqueza que tenemos y se sigue apostando a las actividades extractivas y destructivas que degradan el agua, aire y suelo, poniendo en riesgo hasta la seguridad y soberanía alimentaria del país”.

ARTÍCULOS RELACIONADOS
- Advertisment -

MÁS POPULARES