Bolivia enfrenta el desafío de desarrollar una cultura de inversión que permita a la población aprovechar las alternativas del mercado de valores, incluso con pequeños capitales. La limitada capacidad de ahorro de las familias, el desconocimiento de los instrumentos financieros, la desconfianza y la insuficiente educación bursátil figuran entre los principales obstáculos para que los ciudadanos pasen de ser ahorristas a inversionistas.
La gerente general de la Asociación Boliviana de Agentes en Valores (ABAV), Dunia Barrios Siles, en entrevista con EL DIARIO, explicó que la cultura del ahorro todavía se encuentra en proceso de desarrollo y que las condiciones económicas restringen las posibilidades de gran parte de la población.
“Una parte mínima de la población boliviana tiene margen de ahorro. Las grandes mayorías viven al día”, aseguró la ejecutiva, al señalar que también existen sectores con posibilidades de reservar pequeñas cantidades de dinero y otros con mayor capacidad económica para hacerlo.
Según explicó, el fortalecimiento de los hábitos de ahorro e inversión requiere la participación de las entidades financieras, las instituciones del mercado de valores, los organismos gremiales y la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI), además del apoyo de la cooperación internacional en materia de inclusión financiera.
La desconfianza constituye una de las principales barreras. Barrios hizo referencia a los resultados de un estudio sobre inclusión financiera y comportamiento del ahorro, presentado durante un taller organizado por la ASFI con el apoyo de la cooperación alemana, en el que se identificaron factores que explican la limitada participación de la población en los mecanismos financieros formales.
De acuerdo con los datos expuestos, un 11,6% de las personas prefiere conservar sus ahorros en efectivo y un 11,4% opta por mantenerlos en activos, comportamiento asociado, entre otros factores, al desconocimiento de otras alternativas disponibles.
A esta situación se suma la falta de orientación especializada, que dificulta el acercamiento de potenciales inversionistas a productos financieros cuyos mecanismos, beneficios y riesgos no siempre comprenden.
“Las personas adquieren mayor confianza y se sienten más cómodas cuando tienen un asesoramiento de más cerca”, sostuvo Barrios, al destacar la importancia de acompañar a quienes buscan ingresar por primera vez al mercado de valores.
Sin embargo, una de las principales dificultades identificadas es la percepción de que invertir requiere disponer de grandes capitales o importantes cantidades de dólares. Frente a esa idea, la representante de ABAV puntualizó que existen alternativas accesibles para personas con recursos limitados.
Entre ellas mencionó los fondos de inversión abiertos, que en determinados casos permiten comenzar con aportes desde 100 bolivianos, dependiendo de las condiciones establecidas por cada fondo.
“Esto muestra que no tienes que ser un inversionista grande, se puede comenzar con montos pequeños”, manifestó.
Estos mecanismos permiten reunir recursos de diferentes participantes para invertirlos bajo la administración de sociedades especializadas. Las Sociedades Administradoras de Fondos de Inversión (Safis) se encargan de seleccionar los instrumentos financieros y gestionar los recursos considerando los objetivos, los plazos y los niveles de riesgo correspondientes.
La elección de un fondo depende de las necesidades de cada persona. Algunos inversionistas buscan reunir dinero para financiar los estudios de sus hijos, adquirir una vivienda o cumplir objetivos de largo plazo, mientras otros requieren disponer de sus recursos en períodos más cortos.
En ese contexto, Barrios enfatizó que la rentabilidad debe analizarse conjuntamente con el riesgo asumido, puesto que los instrumentos financieros presentan características diferentes y no todos responden a las mismas expectativas.
Una segunda alternativa consiste en adquirir directamente bonos o pagarés emitidos por empresas, cuyos valores nominales pueden comenzar desde los 10.000 bolivianos. Estas operaciones se realizan mediante agencias de bolsa, encargadas de proporcionar asesoramiento y facilitar el acceso a los instrumentos disponibles.
La ejecutiva señaló que esta modalidad exige un mayor conocimiento del funcionamiento del mercado de valores, por lo que los fondos abiertos representan una alternativa inicial para quienes disponen de menores cantidades de dinero.
No obstante, el desconocimiento sobre la regulación de estas actividades también influye en la decisión de invertir. La existencia de ofertas fraudulentas, especialmente aquellas difundidas mediante plataformas digitales con promesas de ganancias extraordinarias, contribuye a generar desconfianza entre los ciudadanos.
“Es importante aclarar que el mercado de valores es un mercado supervisado y regulado por la ASFI”, aclaró Barrios.
En ese sentido, recomendó que cualquier operación se efectúe mediante instituciones legalmente establecidas y sujetas a supervisión, evitando entregar recursos a personas o plataformas que ofrecen rendimientos desproporcionados sin proporcionar información verificable sobre sus actividades.
Otro factor que limita la expansión del mercado bursátil es el escaso desarrollo de las operaciones digitales. Aunque el sistema financiero ha incorporado diferentes herramientas tecnológicas, el mercado de valores todavía presenta restricciones normativas y una utilización limitada de estos mecanismos.
Barrios informó que existen dos fondos de inversión digital en proceso de incorporación al mercado, lo que podría ampliar las posibilidades de acceso para los usuarios.
Sin embargo, advirtió que la transformación tecnológica requiere modificaciones legales que permitan adaptar las operaciones bursátiles a las nuevas condiciones de los mercados financieros.
La normativa boliviana que regula el mercado de valores data de 1998. Aunque permitió establecer las bases para el funcionamiento y desarrollo del sector, la representante de ABAV considera necesaria su actualización para responder a los cambios tecnológicos, la globalización financiera y la aparición de nuevos instrumentos de inversión.
“Actualmente requiere de su modernización, adecuación a la nueva realidad tecnológica, a la globalización, a los nuevos instrumentos que han aparecido a nivel mundial”, expresó.
Con ese propósito, la asociación elaboró una propuesta de modificación de la Ley del Mercado de Valores, remitida al Ministerio de Economía y Finanzas Públicas y a la ASFI para su revisión y consideración.
La iniciativa contempla mecanismos orientados a atender las necesidades de distintos perfiles de inversionistas, así como de empresas y otras entidades que requieren financiamiento mediante el mercado bursátil.
Su eventual implementación podría contribuir a ampliar las alternativas de inversión y facilitar la captación de recursos para los emisores, pero su aplicación depende de la evaluación y las decisiones de las autoridades competentes.
Más allá de las modificaciones normativas, la gerente identificó la educación financiera como un componente fundamental para transformar los hábitos económicos de la población y ampliar su participación en el mercado de valores.
“Finalmente y lo más importante es la educación bursátil que es un pilar primordial en el desarrollo del mercado de valores”, aseveró.
La ABAV desarrolla, por segundo año consecutivo, un programa de formación bursátil basado en las directrices establecidas por la ASFI, mediante actividades dirigidas a estudiantes universitarios, profesionales, periodistas y otros sectores de la población.
Hasta septiembre de 2026, el programa capacitó a 528 universitarios mediante aproximadamente 20 sesiones virtuales impartidas a distintas universidades. Asimismo, las actividades presenciales, ferias y encuentros con organizaciones profesionales y gremiales reunieron a otras 101 personas.
Los seminarios virtuales, conocidos como webinars, registraron 312 participantes, mientras que las publicaciones difundidas en redes sociales alcanzaron a aproximadamente 26.000 personas mediante cápsulas informativas y a otras 17.000 a través de publicaciones digitales.
La difusión también incluyó mensajes radiales destinados al área rural, con un alcance reportado de 1.040.000 oyentes, además de videos publicados en TikTok que llegaron a 14.300 personas.
Estas cifras corresponden a los alcances comunicados por la asociación en sus diferentes actividades y plataformas, por lo que no necesariamente representan personas únicas ni permiten establecer cuántas comenzaron efectivamente a invertir después de recibir la información.
Respecto al acceso a orientación, Barrios explicó que la asociación proporciona información general gratuita sobre el funcionamiento del mercado y las alternativas existentes. Cuando una persona decide avanzar hacia una inversión concreta, puede ser derivada a una agencia de bolsa o a una sociedad administradora de fondos para recibir asesoramiento especializado.
La apertura de una cuenta y la contratación de productos específicos deben realizarse a través de las entidades correspondientes, de acuerdo con las características y condiciones de cada instrumento.
De esta manera, el desarrollo de una cultura de inversión en Bolivia continúa condicionado por factores económicos, educativos, tecnológicos y normativos. La ampliación del acceso a instrumentos de bajo monto, la orientación a los potenciales inversionistas y la modernización de las reglas del mercado aparecen como elementos necesarios para que el ahorro disponible pueda canalizarse hacia alternativas formales de inversión.

