Bolivia requiere seguridad jurídica y paz social para atraer inversión extranjera directa. Sin tales elementos no llegarán capitales frescos para ejecutar proyectos de envergadura. Debido a que nuestra economía es precaria y requiere la inyección de aquella. Habría que hacer algo para recuperar las garantías necesarias. Se debe despejar, también, las amenazas tendentes a nacionalizaciones o estatizaciones de entidades privadas. En el pasado estas medidas ahuyentaron a inversores foráneos. Actitudes alentadas por quienes consideran que las transnacionales vulneran la soberanía nacional y profundizan la dependencia económica. Mientras otros países avanzan, con dineros provenientes del exterior.
El ministro de Economía y Finanzas, Luis Arce Catacora, nos hizo creer, en septiembre de 2009, que “la economía estaba blindada”. En junio del mismo año dijo: “En toda su vida republicana, Bolivia no registró indicadores económicos tan altos como el año pasado (2008)”. Las declaraciones de dicha autoridad fueron formuladas en tiempos de bonanza económica. Hubo auge gasífero entre 2005 y 2014, que generó importantes ingresos, en beneficio del Estado boliviano. Asimismo, permitió la estabilidad económica. Llovían los dólares por la venta de ese producto. Se imponía, según decían, el “milagro boliviano”. A partir de 2014 nuestra economía se fue a pique. Tuvo poca duración, desgraciadamente. Hoy estamos tratando de vencer los escollos, o tratando de “ordenar la casa”, como dicen nuestras autoridades, para avizorar tiempos mejores. Ojalá el esfuerzo común haga posible ese propósito. Las nuevas generaciones hoy no tienen ni idea de lo que fue la bonanza económica. Numerosos contingentes de jóvenes se van del país, tanto del oriente como del occidente, en busca de mejores días. Hasta fueron reclutados para defender causas de países ajenos. La necesidad no mide consecuencias. Y los que se quedaron, se dan modos para sobrevivir. No hay empleo y crece el comercio informal.
Habiendo dólares a granel, posiblemente fue fácil gobernar. “Pan comido”, dirían los gobiernos de turno. No se requería de estadistas, ni de personajes de prestigio para conducir el Estado. Bastaban los “enviados”, que se jactaban como operadores del cambio. La sólida economía, producto de la exportación de hidrocarburos, fue el motor que contribuía, entre otros aspectos, a generar estabilidad política. Permitía ofrecer bienestar a ciertos sectores sociales. Los gobernantes, en consecuencia, no tenían premura para obtener recursos económicos. No tenían la necesidad de recurrir a organismos financieros internacionales. Tampoco aceptaban intervención de la inversión nacional y menos de la extranjera. Vivían y gobernaban cómodamente, porque tenían dólares. En ese contexto surgieron los nuevos ricos, que succionaron recursos fiscales. Muchos ahora ven de palco la desastrosa realidad nacional.
En suma: solo la verdad no hará libres. Solo la unidad, sin distingos de rasgos físicos ni de regionalismos disgregadores, nos permitirá avanzar en la presente coyuntura. Dios ilumine a gobernantes y gobernados.
Nos hicieron creer
Severo Cruz Selaez
- Advertisment -
