El error más grande de un dirigente laboral o de una institución política consiste en proponer, de manera solapada, un cogobierno, para resolver una crisis provocada particularmente por el cocalero Evo Morales Ayma, quien se cree predestinado para dirigir el destino de Bolivia. Ese error de formar un poder dual fue cometido por dirigentes de la vieja Central Obrera Boliviana (COB) en los inicios de la Revolución Nacional de 1952. Pero ese sistema de doble poder, resultó un fracaso. Y cuando se produjo estalló una crisis sin precedentes en economía, en política, causando la instauración de dictaduras sangrientas.
Recordemos que durante el gobierno de Hernán Siles Zuazo (1982-1985) el gigante déficit fiscal fue financiado con la emisión de dinero sin respaldo, además que cayeron los precios del estaño y hubo una extrema presión social. Por ello el siguiente gobernante, Víctor Paz Estenssoro, manifestó: “Bolivia se nos muere”, antes de aplicar el Decreto Supremo 21060, medida con la cual se pudo evitar tal desastre.
En este tiempo, la COB y grupos sociales afines durante cincuenta días provocaron una crisis general que provocó pérdidas de vidas y enormes daños económicos, principalmente por un bloqueo de caminos que evitó el paso de alimentos, medicamentos e inclusive de ambulancias.
La reciente crisis tuvo su origen en una cadena de absurdos ocurridos desde hace algo más de seis meses. Empezó por la aparición de gasolina contaminada, que causó desperfectos en grande número de motorizados públicos y privados. Enseguida, surgió la protesta por una ley que convertía la pequeña propiedad campesina en mediana, medida voluntaria con la que se trataba de favorecer al propietario, pero fue motivo de cuestionamientos por organizaciones de campesinos debido a que no hubo socialización previa y por otros factores.
Desde entonces, surgieron marchas de protesta, bloqueos de vías, demandas para que el presidente Rodrigo Paz, acusado de no saber gobernar, deje la presidencia. Por ese objetivo antidemocrático, las medidas de presión fueron endurecidas, paralizando el país. A casi cincuenta días de la crisis, la COB aceptó dialogar, posiblemente al advertir que crecía cada vez más el malestar de la población. Entonces, al verse entre la pared y la espada, los cobistas acudieron a la reunión con el gobierno para presentar una serie de demandas, llegándose a la firma de un acuerdo para el levantamiento del bloqueo de caminos. Pero sectores de campesinos, expresaron su descontento con ese convenio, hasta que, ante el establecimiento del estado de excepción, determinaron hacer una pausa, además para celebrar la llegada del nuevo año andino.
Como en el país prevalece la falta de lógica, el gobierno de Rodrigo afirmó que cogobernar era inaceptable, sin embargo el acuerdo rubricado con la COB pone en duda esa determinación porque implica una serie de concesiones, como flexibilidad para quienes causaron daños con los bloqueos o la mantención de empresas estatales deficitarias, etc. Lo cierto es que el país ha sufrido gigantescos perjuicios y para una recuperación se necesitará medidas acertadas.
Finalmente, el más desengañado por el fracaso de la sedición, Evo Morales, ha quedado con los crespos hechos y deberá seguir preso de sí mismo indefinidamente.
