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Lamentable ausencia de partidos políticos

Las sociedades humanas, desde sus orígenes, han estado conducidas por gobiernos de diversos tipos, con el deseo de mejorar su vida, solucionando los problemas cotidianos y avanzar en paz. Pese a ese antecedente, oportuno al presente, en Bolivia no hay partidos políticos que cumplan la tarea de atender la situación del país. Parece que no existieran o están dedicados a crear problemas, llevando al país a un estado de ruina.

En tiempos pasados, funcionaron importantes partidos, como el Rojo de los años 1570, enseguida el Liberal, al que continuó el Partido Republicano, que duraron hasta la revolución de 1952, cuando fueron sustituidos por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). También quedaron desplazados varios partidos de la llamada izquierda,

La Revolución Nacional de 1952, eliminó las bases que daban vida a esos anteriores partidos políticos y aparecieron otros que tuvieron influencia en el devenir de la política nacional. Es largo el historial de esas entidades hasta que terminaron sin pena ni gloria.

Así, en el presente, aparecen pequeñas organizaciones políticas, que en realidad son como grupos de ladrillos rotos, que no hacen verdadera política, pues se limitan a gozar de jugosos salarios y otras prebendas por una labor insatisfactoria en la Asamblea Nacional. En efecto, en las actuales circunstancias no dan muestras de vida partidos políticos con alguna importancia en el pasado. La larga crisis política que existe en el país, en efecto, determina la ausencia de partidos como tales. En realidad no existen, pues no dicen ni una palabra sobre lo que está ocurriendo y el país marcha a la deriva, dando virajes de izquierda a derecha, de atrás hacia adelante y viceversa.

Esos partidos intervinieron en elecciones generales y se limitaron a hacer conocer la labor que realizarían sin llegaban al poder, pero olvidaron que el país tiene objetivos históricos más importantes que atender tareas burocráticas y otras elementales. No ofrecen llevar al país a un nuevo destino. Sus metas no son trascendentes.

Un partido político moderno, en el caso boliviano, no solo debe ofrecer a los ciudadanos pan y cebolla, sino orientarlo para que acabe con los resabios del pasado y pase a los objetivos nacionales y democráticos, la única manera de hacer que se abran los caminos de la paz y el desarrollo. Estos partidos guardan un silencio sepulcral ante la actual convulsión social que es producto de mentes afiebradas que sueñan con utopías. En el caso del MAS, de triste historia, hoy está atomizado o, más propiamente, muerto, debido a graves errores de un caudillo cocalero que no ve más allá de sus narices.

Es, pues, de suma urgencia que en el país surjan nuevos partidos políticos, en el verdadero sentido de la palabra y no agrupaciones improvisadas que solo quieren llegar al gobierno para  derrochar los caudales del Estado y después sus integrantes darse a la fuga. Ya hay indicios en ese sentido y se habla de objetivos democráticos, como demanda el pueblo boliviano, pues solo así se podrá  dejar atrás a quienes malversaron dinero del Estado. Es hora de hacer avanzar tractores, rumbo a un mejor futuro.

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