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COB, Bartolinas, ponchos rojos, campesinos y maestros promueven la “Bolivia imposible”

Las carreteras y calles del país son escenarios de odio provocados por unos cuantos que afectan la vida de millones de bolivianos. Nuevamente, la fuerza bruta se impone a la razón y esta tragedia nacional tiene varios responsables, como la Central Obrera Boliviana (COB), seguida de organizaciones sindicales, ponchos rojos, bartolinas, campesinos, maestros y otros promotores de la “Bolivia imposible”, a la que no se cansan de bloquear, de acuerdo al economista y Magister en Comercio Internacional, Gary Rodríguez, en su columna de opinión.

 

“Cuando se empuja al país al caos y la anarquía; cuando se afecta su economía; cuando se destruye la imagen internacional de Bolivia y, peor aún, cuando se pierden vidas humanas, no se puede hablar de una “protesta”, como un derecho humano, sino, de un delito, ya que todo bloqueo, por su naturaleza violenta, afecta derechos fundamentales de las personas, de ahí que debe ser catalogado como una actividad criminal que debe ser castigado”, reflexiona.

 

Los productores ya indicaron que las pérdidas ascienden a 60 millones de dólares por día, y la cifra va en aumento, pues a eso se debe sumar la afectación al transporte, la industria, el turismo, los despachantes de aduana, así como a los artesanos.

Rodríguez sostiene que el precio de los bloqueos recae sobre los productores agropecuarios que, desesperados, ven cómo el fruto de su esfuerzo se destruye al no poder llegar a los mercados; lo pagan los transportistas que duermen a la intemperie en las carreteras tomadas; lo cargan los trabajadores que pierden el sustento diario y quienes viven al día; lo sufren los que no reciben a tiempo el oxígeno que precisan; lo asumen los exportadores, importadores, prestadores de servicios y comerciantes que pierden contratos; lo pagan los turistas varados en el campo y las personas que mueren por no poder llegar a un hospital para ser atendidas.

Bloquear no es tan solo cerrar una carretera o una calle, es asfixiar, sembrar miedo, destruir empleos, agredir a un país golpeado por la pobreza, apunta y sostiene que la violencia contra el ciudadano nunca será justicia, como la destrucción de la economía jamás será una revolución.

“Gracias a los bloqueadores y ciertas organizaciones alimentadas por el egoísmo y la envidia, se da la “Bolivia imposible”: la del odio permanente, del enfrentamiento eterno, de los dirigentes que creen que, vociferando, amenazando y sometiendo a quienes dicen defender, pueden reemplazar a la Ley y las instituciones”, indica.

Pero también añade que hay “otra Bolivia posible”, la del trabajo honesto, la que produce y exporta, la que madruga y no vive de bloquear, sino de construir.

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