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Vivir en “mamocracia”

David Foronda H.

A raíz de lo que pasa en el quehacer político nacional, hablando sobre todo de las últimas décadas, la gente comienza a dudar de las “bondades de la democracia”, aunque todavía algunos dicen que “la peor de las democracias es mejor que cualquier dictadura”. Y es que el manoseo de la democracia, por parte de quienes están inmersos en tejemanejes políticos, colma la paciencia de la colectividad debido a desatinos en los que incurren con impavidez aquellos.
El comentario popular se refiere a deslices públicos. Es que nunca antes se había escuchado frases como: mi suplente será mi mujer, o mi marido, o mi esposa debe ser la primera candidata. O recuren a pretextos fútiles para justificar exabruptos electorales, a fin de favorecer a tal o cual candidato. Es algo que no se había visto antes, sin importarles la opinión pública, menos la del ciudadano de a pie. Entonces surge una protesta silenciosa por esas actitudes que ponen en tela de juicio a la democracia, de la que se dice que ya es “mamocracia” en Bolivia.
Alguien puntualizó que la democracia fue inventada hace siglos para mejorar la vida de las personas, no para empeorarla. En ese sentido, Aristóteles habría dicho “la política es para alcanzar el bien común, siendo que el Estado debe generar las condiciones para el logro de una vida mejor”. Existen tres condiciones para lograr tal finalidad y son: seguridad, justicia e infraestructura. Con la primera nadie vivará con miedo, con la segunda que nadie dude de la ley y con la tercera nadie quedará sin acceso al futuro, según dicho expositor, quien acota que en estos tiempos debemos ser del “sentido común” y no de lo que muchos vociferan: “soy de izquierda, o soy de derecha”, así lo sean o no.
Resulta que en “mamocracia” se benefician quienes actúan en supuestos “partidos” que ya no son tales, según varias personas, puesto que estos entes hace rato dejaron de serlo –sean de “derecha” o “izquierda”– y solo se sirven de la democracia para sus fines personales o de grupo. Esto se pone de manifiesto con una serie de acciones que van adoptando, cuando gozan del efímero poder, al que pretenden exprimirlo, tal vez recordando “el dulce goce del poder”. Desde aspectos que pueden ser considerados importantes, hasta banales, incurren en dislates que dejan azorados a gil y mil, tal como declarar “héroes” a individuos que de una u otra manera quizá tenían nobles fines, pero que finalmente fueron tergiversados por otros, que se les “colaron” con intereses turbios.
Sucedió también, comentan, con quienes quizás se desorientaron e invadieron territorio de otro país, siendo detenidos y tratados de la peor manera y a su retorno a la patria fueron objeto de condecoraciones. O la triste situación por la que pasan quienes lucharon contra los guerrilleros barbados, llegados de una isla del Caribe, bolivianos que hasta hoy no tienen un digno reconocimiento por poner su pecho –obedeciendo órdenes superiores– frente a las balas de dichos extranjeros. A ellos no les confirieron ni una medalla de bronce. Entonces, la democracia la utilizan según sus conveniencias y, por ende, la convierten en “mamocracia”. ¿Cambiará eso si damos paso a la democracia real?, muchos esperan que así sea.

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