Mientras los politiqueros de toda laya andan “revolcados en un merengue” y los ciudadanos colgados por el cuello, veamos cómo está Bolivia.
El inicio de la industrialización en el mundo ocurrió en la segunda mitad del Siglo XVIII en Gran Bretaña, impulsada por la invención de la máquina de vapor y la transición de una economía agraria a una urbana mecanizada, debiendo entenderse por industria a la actividad económica que transforma materias primas en productos elaborados o semielaborados mediante el uso de energía, maquinaria y recursos humanos.
Pero resulta que estamos en el Siglo XXI y Bolivia aún no ingresa en la verdadera industrialización, lo que existe es parte de una “industria ligera” o de consumo que crea bienes listos para el uso y consumo directo de las personas, como pan, leche, jugos y dulces o textiles como ropa, zapatos para vestir a la población, sin tener sospecha de la “industria pesada”.
Esta situación de infradesarrollo es dramática para Bolivia, si se tiene en cuenta que en el mundo se va clausurando la fase del tradicional industrialismo, ingresándose en la era de la tecnología digital que transforma la industrialización mediante la automatización total, produciéndose el inicio de otra fase del capitalismo. Es decir, para nosotros, resulta ya demasiado tarde para ingresar en esa industrialización que va despidiéndose.
Desde esta realidad, Bolivia no es un país industrializado, depende de las materias primas. Sus mayores ingresos provenían de la exportación de gas natural, hoy agotado y actualmente de la explotación de minerales (como zinc, oro, plata) y productos agrícolas (como la soya), sin que estas actividades pasen por un proceso de transformación manufacturera. ¿Qué productos terminados exporta Bolivia? ¿Cómo y de qué está constituido su producto interno bruto (PIB)?
Para hacer más clara la visión, observando a América Latina, comparemos a Bolivia con Brasil.
La estructura brasileña exporta desde aviones comerciales hasta soya y automóviles. Bolivia “concentraba” la gran mayoría de sus ingresos de divisas en gas natural, ahora misteriosamente en minerales (que no beneficia al país) y derivados de la soya. Brasil se encuentra en madurez tecnológica y Bolivia es simplemente extractivista.
El agro en Bolivia se divide entre la agricultura de subsistencia del occidente y la de exportación limitada de Santa Cruz, que escamotea beneficios al país.
Esta situación económica en lo social reproduce casos particulares, no existe burguesía nacional desarrollada, tampoco existe proletariado avanzado. Bolivia no es un país de proletarios, es un país de “informales”; la clase media-media se va encogiendo y va pasando a la franja de pobreza. Surge una nueva clase media satisfecha, impulsada por una ideología política fraudulenta.
El mismísimo Banco Central señala que “… al cierre de 2025 el 44,7% de la población, es decir 5,4 millones de personas, se ubicó por debajo de la línea de pobreza” y que para 2026 se estima que “… alrededor de 5,7 millones podrían encontrarse en situación de pobreza”, parámetros que con el irrefrenable y gustoso endeudamiento externo e interno irán creciendo.
Esta es la realidad actual del país, mientras tanto, pasan los gobiernos, siguen los discursos, los políticos mienten y se enriquecen. El país se desmorona. Su futuro es incierto. “Vivimos revolcados en un merengue y en el mismo lodo todos manoseados”.
El autor es jurista.
