La máquina del tiempo existe: son los libros. Irene Vallejo.
Es casi imposible poner todas las constelaciones de libros y sus valores culturales en un solo artículo. Es como poner todo el proceso histórico-cultural del libro y la humanidad en un grano de maíz. Pero intentaré, y ese esfuerzo creo que será un homenaje al libro y sus alcances.
No es que el Día Internacional del Libro debe significar ponerles unas velitas, y ¡ya! De lo que se trata es ver todas las dimensiones posibles, como la filosofía, en plural, de lo que representa la obra literaria. No es el libro en sí mismo, como hojas impresas cosidas y/o emblocadas. El desarrollo histórico-cultural de la humanidad es el crisol donde se forjan los libros. Y, fundamentalmente la tarea es traducir en pedagogías que orienten hacia la educación integral del ser humano en sus diferentes lenguajes.
El ser humano se apropia de los lenguajes, mediado por las relaciones sociales para cambiar la realidad, lo que le ha permitido sobrevivir en este planeta que no es el paraíso ni el infierno, sino es un hábitat que le permite vivir aún. En esa perspectiva, el infante poco a poco se desarrolla en este mundo hostil, adverso y acogedor a la vez. Este pluriverso maravilloso es traducido e interpretado en palabras que se plasman en libros de la vida, para tal cometido la humanidad ha desarrollado diversos lenguajes para expresarlo, comprenderlo y transformarlo. Dentro de este horizonte: “Un niño que ha dominado la herramienta cultural del lenguaje –decía Vigotsky– nunca será el mismo niño”. Se refería a la apropiación del lenguaje oral y escrito: el libro así cumple su función de mediación cultural.
La lectura y la escritura son procesos de apropiación cultural que crearon las civilizaciones para la convivencia. Sin embargo, los dos encargos de la sociedad a los sistemas educativos están en crisis. Las estadísticas lo dicen: se lee menos y se publica más, la escritura se hace más elitista, pero estamos en una etapa civilizatoria, donde se difunde más ideas inciertas en el Internet y las redes sociales.
La palabra está en crisis porque no refleja a cabalidad la realidad, es más la congela y no la comprende en su movimiento. Sin embargo, desde la óptica de los estudios semiológicos, se perfila otro horizonte: el placer del texto y la lectoescritura, en otras palabras, sería un deleite en la vida, expresadas por Roland Barthes: “La escritura es esto: la ciencia de los goces del lenguaje, su kamasutra…”. Metáfora que trasciende los límites formales del lenguaje escrito y le da sentido vivencial a la misma. El kamasutra es un tratado hindú que significa deseo, placer y su enseñanza. Como tal, habla de filosofía, psicología y relaciones. La analogía que hace Barthes del kamasutra con su libro: El placer del texto (2003), sirve para responder a su pregunta ¿Qué gozamos del texto?
Desde otro ángulo, un autor apasionado de los libros nos dice que éste, tiene vida. Claro que sí, pero esa creación y estética literaria rompen esquemas de la palabra vacía. Me refiero a Eduardo Galeano, quien enunció: “Cuando los libros están de veras vivos, respiran; y uno se los pone al oído y se les siente la respiración”.
A partir de mi experiencia he señalado que producir un libro se asemeja a la gestación y al parto. Cuando se publica un libro, es un nacimiento y un trascendental acontecimiento. Parir un libro es dar a luz, con luz propia una wawa (un nuevo ser vivo que revive cuando se lee).
Pero el libro se sitúa en las contradicciones sociales y humanas. Y está ahí presente Charles Bukowski –con la rebeldía que lo caracteriza– para decir su verdad y su libertad: “Siempre me acusaron de vulgar, de sucio, de cínico. No me importaba Yo no quería escribir para complacer a nadie, sino para escupir la verdad”. Empero la literatura, el texto y su problemática responden a un contexto, a las circunstancias de la vida. En ese sentido, la pedagogía liberadora propone aprender desde la práctica: “La lectura del texto está precedida por la lectura del contexto” (Paulo Freire). Pero, los enfoques tradicionales de la lectura comprensiva no quieren comprender –aunque se vistan con trajes modernos–, solo prefieren comprender el texto y no el contexto. Por eso inician su esquema, con la “comprensión literal”, y no así contextual.
Y no se debe olvidar en Loa al estudio: “¡Empuña un libro, hambriento! ¡Es un arma!”. Que nos recuerda permanentemente Bertold Brecht. Como la esperanza que no muere y siempre lee, además se conciba la lectura, la escritura, el libro y los sujetos hermenéuticos es sus contextos y en su misión pedagógica: como proceso de liberación.
En otras palabras, podemos afirmar que el Libro es Amor y mucho más… para todos los bibliófilos. Y no así para esos grupos cumbieros y reguetoneros que cantan sin escrúpulos temas bibliofobos: con sus letras de letrinas: “Libros tontos” y “No me regalen más libros porque no los leo”. Dando una equivocada orientación a niños y jóvenes. Mientras la banda Oreja de Van Gogh creó un tema muy hermoso de amor: “El Libro”.
Rolando Barral Zegarra es escritor y docente de Ciencias de la Educación UMSA.
