Es usual ver, sobre todo a jóvenes de ambos sexos, en establecimientos conocidos como gimnasios, “sudando la gota gorda”, como se suele decir en términos populosos. Y no deja de llamar la atención que incautos, atraídos por anuncios de todo tipo, acudan presurosos a los mismos, dizque para mantenerse físicamente en excelente forma, velar por la salud y el bienestar personal, además de tener un cuerpo de Mr. Universo. Digamos que esa idea siempre ha estado presente en los seres humanos, y a muchos les dio resultados positivos, mientras que a una gran parte no, y lo único que hicieron fue gastar su dinero, quizá en vano.
Ahora bien, los avances de la ciencia dan cuenta que no es necesario estar en un ambiente cerrado, durante horas, ejercitándose con “fierros” y otros equipos para lograr esa finalidad, sino que “la evidencia recopilada por Harvard y otros centros de investigación señalan que los beneficios de moverse de modo regular y variado están al alcance de cualquier persona dispuesta a modificar pequeños hábitos en su rutina, sin necesidad de realizar ejercicio formal.
Sumar movimiento a la vida diaria no exige sacrificios extremos ni rutinas complejas. Lo esencial es identificar oportunidades para mantenerse activo y ajustar la intensidad y la frecuencia a los propios objetivos de salud y bienestar”, de acuerdo a lo señalado por Martina Cortès Moschetti, en su nota “Los hábitos sencillos que recomienda Harvard para alargar la vida sin ir al gimnasio”.
Se trata ciertamente de nuevas estrategias que, como lo apuntan, son avaladas por la ciencia, que sugiere pausas cortas y frecuentes que pueden tener un impacto positivo en la longevidad y el bienestar general. Se enfatiza que incorporar más movimiento en la rutina diaria no requiere extenuantes sesiones en el gimnasio, ni equipos sofisticados, siendo que existen estrategias sencillas respaldadas por investigaciones de Harvard, que permiten contrarrestar el sedentarismo y mejorar la calidad de vida, sin necesidad de realizar ejercicio formal.
El sedentarismo se ha consolidado como un problema de salud pública, asociado a riesgos como la mortalidad prematura y el deterioro de la salud cardiovascular, metabólica y músculoesquelética. Permanecer sentado durante largos periodos afecta negativamente al organismo, y los efectos nocivos no se revierten con una sola sesión de entrenamiento intenso.
De ahí que las investigaciones de Harvard, recomiendan seis hábitos diarios: 1) Movimiento en pequeñas dosis, varias veces al día, como caminar luego después de comer o un circuito rápido en casa y moverse cualquier instante sin la presión de rutinas largas y extenuantes. 2) Estiramientos y movimientos sencillos durante la jornada, del cuello, muñecas y manos, o elevaciones de talón. 3) Buscar oportunidades cotidianas para moverse, como variar el ritmo y la dirección al caminar. 4) “Multitarea activa”, como caminar mientras lee un libro, estirarse frente a la televisión. 5) Utilizar la hidratación como excusa para moverse, al llenar la botella, ir al baño, etc. 6) Practicar ejercicio funcional sin equipamiento, o sea realizar flexiones contra la pared, fondos de tríceps en la silla, o movimientos de pies.
Según Harvard, estos movimientos aceleran el metabolismo y mejoran los niveles de azúcar en sangre, lo que resulta ideal para quienes pasan muchas horas frente a una pantalla. Sumar movimiento a la vida diaria no exige sacrificios extremos ni rutinas complejas. Claro que, si quiere seguir botando su dinero, preferirá acudir a un gimnasio.
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