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El dinero que damos a los hijos

Ernesto González Valdés

II

A modo de síntesis, para los que no leyeron el artículo anterior –por alguna causa– nos referimos a la problemática del dinero y nuestros hijos. Buscamos una relación entre dinero y educación desde temprana edad (entre siete y doce años) y que al entregar una determinada cantidad a los menores, los adultos (padres, madres, tutores) lográsemos beneficios, creando no solo determinadas habilidades sobre cómo “manejar” el dinero, sino también como utilizarlo, además de inculcar en ellos y ellas el trabajo y sacrificio que cuesta conseguirlo, por supuesto, siempre de forma honesta.
¿Qué otras responsabilidades pueden asumir nuestros hijos e hijas, ante la entrega de la mesada? A partir de ese momento la paga debe convertirse en un derecho incondicional. Se deberá entregar la mesada el día fijado, no aplazándola (a no ser por causas mayores, imprevistas, que de suceder habrá que explicarlas de manera seria y responsable). Por supuesto, tampoco habrá que regatear: «¿qué te parece si hoy te doy tanto y después el resto?».
De cumplirse con el acuerdo con los hijos, ellos como consecuencia deberán cumplir con tareas domésticas, sin respuestas como: “papá, después lo hago”.
Es importante que los acuerdos sobre la empresa periódica de la mesada se cumplan estrictamente, al menos con frecuencia de una semana ¿Por qué tan breve tiempo? Es que cuando los hijos son pequeños quizá les resulte difícil hacer previsiones a largo plazo. En todo caso hacia los 12 años se puede hacer la entrega de forma quincenal.
También el monto que se entregue, deberá ser justo. ¿Y cómo saber lo que es justo? Habrá que hacer una previa investigación por parte de los padres para no darles dinero demás. Es bueno acostumbrar a los hijos a la sobriedad.
No obstante, debemos tener en cuenta si es necesario aumentar el monto o no, por gastos necesarios como compra de material escolar, transporte adicional, etc.
Esta edad es propicia para la comida chatarra. ¿Y si él o ella la quiere comprar? Tendrá dos opciones: o sacrifica uno de sus gastos habituales, o si no tiene dinero puede esperar y ahorrar. (Amén que se trata de alimentos poco nutritivos y muy grasientos).
No obstante, podría existir lo que llamo “prima económica”, es decir un “dinero extra” por hechos sobresalientes relacionados con hábitos que queremos desarrollar (haber hecho su trabajo sin que le avisen, haber mejorado las notas…). En todo caso han de ser pequeñas cantidades y otorgadas por hechos indiscutibles.
Por último, es bueno crear la norma de que “quien rompe paga”, si es por negligencia. Me refiero al cuidado que deben dar los hijos, por ejemplo, a los libros, al uniforme, a los objetos de la casa, etc. Esto ayudará a crear el hábito de cuidar lo que uno tiene.
Naturalmente, que los mayores den ejemplo de sobriedad y cuidado de las cosas será la condición necesaria.

El autor es Licenciado en Ciencias Pedagógicas.

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