Dos de siete candidatos a sentarse en la silla presidencial han hecho conocer en forma fugaz los programas de gobierno que podrían poner en práctica. Se han referido a varios asuntos, pero ninguno de ellos mostró interés por el magno problema indígena campesino, que tiene un peso gravitante en la vida económica del país. Cinco de esos candidatos olvidaron ese problema socioeconómico. Sin embargo, eso ya no es aceptable en los dos que quedaron para la segunda vuelta electoral del próximo 19 de octubre, fecha en la que se sabrá quién va a ser el inquilino del Palacio Quemado por cinco años.
Aparentemente, no se considera que el problema agrario nacional, es determinante para la reconstrucción del país y solucionar el problema de la escasez de alimentos nativos en los centros urbanos. Es más, si las nuevas autoridades no toman carta en este asunto, el país va a seguir en el camino del desastre.
Es necesario recordar que con la Reforma agraria de 1953 se trató de resolver el problema de la tierra, pero en años posteriores nuevas disposiciones legales de otros gobiernos, provocaron la crisis que hoy se observa en el medio rural. Pero lo peor fue que la Ley de reforma agraria fue desconocida. Es más, desde 1964 fue objeto de reformas de fondo que, en vez de mejorar la situación agraria, la agravó, al extremo de que se la califica como una contra reforma agraria que, actualmente, ha causado el abandono de la agricultura, la migración de campesinos a ciudades o al exterior. Como consecuencia general, ha provocado escasez de alimentos propios para los centros urbanos, que ahora son abastecidos con importaciones del gobierno, de privados y del contrabando masivo.
El panorama en ese sentido es tenebroso. Pero si el nuevo gobierno encauza la cuestión, su futuro podrá mejorar, pues, más de una vez, Bolivia fue un país tranquilo porque el campo mantenía llenos los mercados de consumo y los campesinos estaban cada vez más arraigados a sus tierras. Además, conocían todos los secretos para mantenerlas en producción. La solución del problema de la tierra y la producción de alimentos debe figurar como prioridad para reorganizar la economía nacional. En el país hay economistas y sociólogos agrarios que son despreciados por los partidos políticos, pero éstos pueden con sus conocimientos resolver el problema.
Es necesario que los millones de campesinos que migraron a otros países retornen al país para cultivar tierras. Asimismo, es imprescindible que vuelvan a ser cultivas más de 500 mil hectáreas de tierras, hoy abandonadas por falta de apoyo. Esa tarea es para el nuevo gobierno que, además, podrá ser beneficiado con un impuesto a la renta de la tierra (no a la tierra como es ahora), solucionando el problema de la coca, elevando el nivel de vida de los agricultores, intensificando la agricultura, etc.
En todo caso, se espera la mayor atención al problema agrario y obrar de manera sensata, en caso contrario, el país seguirá soportando una crisis sin fin, quedando los gobernantes al filo de la navaja.
