En este Bicentenario nada hay que festejar, deberíamos elevar la bandera a media asta con crespón negro por el duelo de todos los bosques quemados y ríos contaminados, por la economía quebrada y la corrupción institucionalizada; mientras escucho la Marcha Talacocha y la Marcha de los Colorados pienso en toda la sangre que costó constituir una colectividad permanente y estable en el tiempo. Aunque en las escuelas se sigue impartiendo la desmoralizadora historia de derrotas militares y mutilaciones territoriales, no se cuenta cuánto costó defender lo que se conservó. Cuentan la historia como si los soldados bolivianos hubieran luchado mal o hubieran sido incompetentes, la realidad es que siempre tuvimos desventaja numérica y así, todo se dio buena batalla.
Veamos: en la batalla de Ingavi (1841) la relación era uno contra dos, en la batalla del Alto de la Alianza (1880) uno contra tres, y en la heroica defensa de Boquerón (1932) fue de 1 contra 22, así que lo que se debía enseñar es que somos un pueblo de valientes, que hacen honor a su himno nacional, pero deja un interrogante ¿Cuánto será la desproporción en la siguiente guerra? Tal vez sea mucho más, por lo que Bolivia tiene que iniciar una nueva política, donde pueda posicionarse como un país con paz social y articulador del comercio y de finanzas regionales, pues el agro intensivo y la minería acabarán con selvas y bosques.
Bolivia bien podría vivir (como muchos países) del turismo y de sus productos gourmet que no necesitan cultivos intensivos y extensos, como la política se ha vuelto un juego de intereses corporativos, vemos a candidatos que representan todo lo que nos perjudica: la coca excedentaria, la minería aurífera sin regulaciones y el agro intensivo, que siempre necesitarán más y más tierras para expandirse. La realidad es que no tenemos tierras ilimitadas, pues ya no quedará país si estos tres intereses quieren volver todo el país un campamento de explotación.
Los enemigos de la Patria siguen en las puertas, sin embargo, nuestros peores enemigos son internos y son el conformismo, el facilismo e inmediatismo, pues lo bueno necesita de paciencia, tesón, constancia y dedicación. Necesitamos cultivar sentimientos nobles que reemplacen el resentimiento y la envidia secular, para que una nueva generación pueda tener un suelo moral firme donde pisar, porque las riquezas naturales no proporcionan por sí mismas valores.
En estos días no olvidemos el sacrificio de nuestros héroes y heroínas que nos interpelan desde el fragor y humo de las batallas que resistieron para darnos un ejemplo desde un pasado que debemos respetar y retomar con todo su arrojo y valentía para encarar la reconstrucción del país y planear un nuevo futuro promisorio; hay que despertar las Energías nacionales (Tamayo) educando una Voluntad férrea que cimente mejores costumbres y nuevos ideales.
Bandera a media asta
Marcelo A. Valero Alanes
- Advertisment -
