sábado, mayo 18, 2024
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La oratoria y su estructura

Cuarta Parte

Por: Lic. Héctor Molina

 

Recordemos que…

 

La oratoria es el arte de hablar con elocuencia; es decir, la habilidad de comunicar de un modo eficaz con la finalidad de apoyar a las personas para que puedan transmitir un mensaje de forma ordenada con el objetivo de informar, persuadir o conmover a su auditorio. De este modo, la oratoria sirve para captar la atención del receptor, seducirlo a través de un mensaje claro y conciso, y conseguir que tome decisiones o adopte una determinada posición.

 

Asimismo, es una habilidad muy útil para los profesionales de la comunicación; y es que el estudio de la oratoria permite aprender a expresar correctamente las ideas, logrando así que la audiencia interprete correctamente nuestro mensaje.

 

Errores al trabajar la oratoria

 

  1. No cuidar la postura

 

La primera impresión que se provoca la determina la postura. Ya que permite tener una idea de lo que se va a hablar. El lenguaje corporal lo refleja.

 

  1. Perder o no tener una estructura 

 

Todo mensaje sin estructura se derrumba. Hablar por hablar lo hace cualquiera, pero atrapar a la audiencia desde el momento en el que se abre la boca se logra al nunca olvidar que toda historia tiene una introducción, desarrollo y conclusión o cierre, este último es el más importante del mensaje.

 

  1. No saber manejar el contacto visual

 

El contacto visual es tan importante en la comunicación no verbal que, cuando se habla en público, omitirlo es transmitir el mensaje de que se está nervioso, y además la audiencia dejará de poner atención, pues no se sentirán incluidos e identificados.

 

  1. Exagerar o carecer de ademanes

 

El público responde a la energía que transmite el orador; es decir, que hacerlo con poca energía o exagerarla genera en la audiencia el rechazo o desconexión al percibir que se es auténtico.

 

  1. No saber modular la voz

 

Tres de cada cuatro oradores hablan con un volumen bajo. Esto genera un impacto pobre. No se trata de gritar sino de proyectar seguridad con tu voz. Existen dos momentos cruciales para hablar con un volumen más alto que son el inicio y el cierre.

 

  1. Descuidar la entonación

 

No se debe confundir la entonación con el volumen, son dos cosas totalmente diferentes. La entonación es la emoción específica que se transmite al decir algo y esta tiene un poder específico que permite conectar al auditorio con el orador de manera emocional.

 

  1. No manejar el ritmo de nuestra voz y exposición

 

El ritmo es la velocidad al hablar. Hay gente que habla muy rápido, y otra que habla muy lento. ¿Cuál es mejor? Ninguna. Lo ideal es aprender a hablar en distintas velocidades según convenga para lograr el objetivo del mensaje. Cuando se desee despertar a la acción es bueno decir una frase más rápido, en cambio, cuando se quiera relajar a la audiencia o despertar su curiosidad se debe hablar más lento.

 

  1. Caer en vicios de dicción

 

Al jugar con el ritmo al hablar se debe cuidar que la dicción sea lo más perfecta posible. Si la audiencia no entiende claramente lo que se dice, de nada sirve saber las técnicas anteriores.

 

  1. Mostrar desconocimiento del tema

 

En materia de imagen importa lo que el público perciba, no lo que el orador sepa. Cuando se divaga o duda parecerá que no se sabe o no se está seguro de lo que se habla.  En este error caen muchos. Se confían en que como tienen un título profesional y el tema del que van a hablar lo conocen, la audiencia se emocionará de su sapiencia y se pondrá de pie. Se puede dominar un tema pero lo que cuenta es la conexión que se logre con las ideas y emociones. Los nervios al hablar en público han destrozado al más fuerte de carácter.

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