Se presentan en nuestro país retos para demostrar al propio entorno hasta dónde podemos llegar en medio de las dificultades, porque muchas veces hubo una especie de rendición de quienes habían sido sometidos a pruebas (involuntarias) para comprobar su capacidad de encontrar remedios –así sean simples parches– para lo que se halla en el camino siempre lleno de escollos.
Sería difícil hallar personas que no se arredren ni alberguen algún temor ante situaciones muy complejas y que se suponga imposibles de resolver; pero lo cierto es que, en la mayor parte del tiempo de afrontar problemas, hubo voluntad para resolverlos y esto ha contribuido a fortalecer los espíritus y acrecentar las propias fuerzas, utilizando la fuente de siempre, que es uno mismo, porque Dios así parece haberlo dispuesto.
En este tiempo se ve problemas muy serios y, como ejemplo, se puede citar a la población de Ucrania que sufre las consecuencias de una guerra dispuesta por los rusos. Todas esas personas viven pendientes de en algún momento ser víctimas de las bombas o de otras armas. Es gente que ya llora por la muerte de seres queridos o solamente sabe de quienes han sido heridos y están en los hospitales. En realidad, nadie está libre de sufrir las consecuencias de la guerra. Hay pueblos y naciones cercanas que igualmente temen lo que pueda sobrevenirles y no hay refugio que preserve sus vidas. Así hay miles de personas que sufren, viven amargadas y contrariadas; pueblos que pierden bienes y viviendas, muebles y útiles, hay niños que lloran por no encontrar a sus padres y otros por haberlos perdido.
Se dice que “el mundo llora por ser culpable de sus propias desgracias”. Podría ser cierto tal aserto, pero resulta que, día que pasa, encuentra los paliativos que menguan dolores y sufrimientos, hay medios que ayudan a reponer lo perdido y siempre se encuentra consuelo en familiares, amigos y entidades, porque de este modo surgen sentimientos de solidaridad. Lo importante es que no se puede reponer uno mismo cuando no hay voluntad, debido a una enfermedad o por el dolor y las penas sufridas por las pérdidas que se haya tenido en la familia. En dicha situación, solamente la propia vida dotará de las energías requeridas, especialmente para que los niños no acrecienten sus angustias ante las desgracias sufridas.
Es urgente restablecer las fuentes de producción
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