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El bofedal “Silala” de Bolivia, últimas revelaciones

Bolivia está mucho más afectada que India, USA o Brasil en estos días de Coronavirus. Soporta, además, la epidemia chilena. Nuevamente está siendo invadida militarmente, esta vez para ROBAR agua.
Cada 23 de marzo se recuerda al héroe máximo de Bolivia, don Eduardo Abaroa Hidalgo, contador y empresario que trabajaba en una mina de plata localizada en el Departamento del Litoral, territorio perteneciente a Bolivia, hoy usurpado por Chile.
Rindo homenaje a Eduardo Abaroa, el ciudadano que, asumiendo el desafío que la realidad le lanzaba, murió defendiendo la soberanía nacional cuando las tropas militares chilenas invadieron Calama, y nos usurparon nuestros cuatro puertos soberanos al mar con los que hemos nacido como República de Bolivia. Nos separan de ese hito 142 años, y el profundo sentimiento cívico que nos genera es una muestra contundente del recuerdo de la injusta pérdida de nuestro acceso al mar en una guerra desigual y artera.
Más allá del rechazo a nuestra obligada mediterraneidad, es la figura y actitud del Héroe del Topáter, lo que inspira a todos los bolivianos. Bolivia tiene el derecho irrenunciable a recuperar su Litoral que ha sido usurpado por Chile desde el 31 de octubre de 1843 mediante decreto del roto Diego Portales, quien dijo: “Si Chile carece de recursos porque sus tierras son pobres, tomemos los territorios del norte, en Bolivia y Perú, a quienes les sobra territorio y riquezas”. De ese modo empezó la ocupación usurpatoria de las guaneras del puerto boliviano de Mejillones, aprovechando la traición del oligarca José María Linares. Poco después los destinos de Bolivia tomaron aciago rumbo, al detentar el poder el sanguinario militar Mariano Melgarejo, quien nombró Canciller al delincuente Mariano Donato Muñoz, quien también ejercía el cargo de Ministro de Hacienda. Ambos malditos conferenciaron con el embajador del rotaje, Vergara Albano, para discutir la concesión de los territorios y puertos nuestros. Para conseguir sus objetivos, los rotos hacían farrear al ignorante y brutal mandatario, nombrándolo General de División del ejército chileno, convirtiéndolo en su fiel y discrecional compinche. El chileno llegó al extremo del servilismo bajo para congraciarse con Melgarejo; solía tomar cerveza con el caballo Holofernes al que el beodo mandatario había acostumbrado a beberla. Como premio, Melgarejo nombró al roto Embajador de Bolivia en Chile.
El 3 de junio de 1866 le hicieron firmar el tratado de límites en que se regalaba a Chile los territorios litoraleños comprendidos entre los paralelos 25ᴼ31’36” (rio Salado) y los 24ᴼ. Personas patriotas hicieron notar a Melgarejo que se trataba de un cuantioso regalo de territorio; el bruto midió en el mapa con el pulgar y dijo: “¡pero si mide apenas una pulgada!; ¡no merece la pena pleitear por tan poca cosa…!”. Dicho tratado también estableció una medianería para explotar el guano, salitre, plata, cobre y demás minerales entre los paralelos 23 y 24. O sea, Chile sin poner ningún capital y sin poseer ningún derecho iba a compartir con Bolivia, dueña del territorio, los impuestos de exportación y venta de toda esa riqueza. Es decir, Bolivia quedaba privada de su Soberanía. El traidor José Rosendo Gutiérrez hizo firmar al parlamento el voto afirmativo aprobando el tratado. Enseguida, el prochileno Canciller de Bolivia autorizó la invasión masiva de rotos al litoral boliviano, concediendo a la empresa chilena Ossa y Puelma todas las guaneras y salitreras existentes, desplazando a los ciudadanos nacionales. De ese modo, Bolivia ha sido despojada de sus costas. Posteriormente, los rotos invadieron militarmente el resto de nuestro litoral en 1879, ocasionando la guerra del Pacifico y la pérdida de 4 puertos, Cobija, Mejillones, Antofagasta y Tocopilla.
Actualmente, en pleno Siglo XXI, todavía el pueblo espera y espera que los “militares” bolivianos se dignen visitar la zona del Quetena, mal llamada Silala, y expulsar a los rotos que roban el agua de nuestro bofedal.

El autor es ingeniero.

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