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Con Ucrania unidos en la adversidad

Estamos inmersos en una realidad internacional de imprevisibles consecuencias. La invasión rusa sobre Ucrania fue el detonante para que se quebrantara la paz en el globo terráqueo. Para que surgiera la amenaza de una tercera guerra mundial. De veras que la hecatombe pende de un hilo. Desastre que ni los propios rusos desean.
Los bolivianos, que fuimos objeto de invasión por fuerzas externas, condenamos enérgicamente esa sangrienta agresión. Estamos identificados, por consiguiente, con ese país, golpeado por la tozudez, la prepotencia y el autoritarismo, que pretende devastar el planeta. Con esta actitud buscamos respaldar la libre determinación de los pueblos, con respeto a la libertad, la vida y la divergencia, en las manifestaciones político – ideológicas.
Con esa perspectiva, debiéramos diferenciarnos de aquellos gobiernos dictatoriales que acallaron a sus adversarios en infrahumanas mazmorras. Que enfrentaron las ideas y los ideales con imposiciones de fuerza. Que pretendieron perpetuarse en el Poder, sometiendo a sus pueblos al hambre y la miseria. Que permitieron el éxodo masivo de sus compatriotas.
Los bolivianos tenemos vocación democrática, que la pusimos a prueba, como corrobora la memoria histórica, en los momentos más cruciales de la vida nacional. Con acciones de esta índole fue construido el destino patrio. Pruebas al respecto abundan.
El ciclo de la dictadura, que se encumbró en el Poder desde 1964, acabó el 10 de octubre de 1982, gracias a las movilizaciones populares. Al margen de esa experiencia política, no hubo otra similar en el país. El gobierno de la señora Añez, a quien la tildan de “golpista”, surgió con la aquiescencia del parlamento. Por lo menos así lo registra la historia del pasado inmediato.
Acabar con la dictadura fue una tarea titánica. Así por lo menos lo recordamos quienes vivimos en esas épocas. Pero se impuso la pacifica transición, gracias a la concertación de los actores políticos, hacia un Estado democrático, de Derecho. La tarea inmediata fue afianzar, en adelante, dicho proceso, por cuya restitución muchos bolivianos derramaron sangre y ofrendaron la vida, en heroicas confrontaciones ante elementos reaccionarios.
La dictadura –hagamos memoria– al margen de perseguir o encarcelar, arrojaba a sus adversarios a montones, fuera y lejos de nuestras fronteras. La prensa de circulación nacional, pese a las restricciones que recaían sobre ella, ofrecía información oportuna al respecto. Entre éstos salían al ostracismo muchos demócratas, críticos y contestatarios ante los despropósitos de los regímenes autoritarios. Éstos restaban y no sumaban, confrontaban y no reconciliaban, destruían y no construían. Vulneraban los Derechos Humanos y no garantizaban el sistema de libertades.
La democracia boliviana, restituida hace 39 años aproximadamente, debería promover el acercamiento, el dialogo y el encuentro, a fin de superar los escollos que nos enemistan. Ese es el imperativo de la hora. Los actores políticos, identificados ahora como partidarios o contrarios a la invasión de Ucrania, deberían obrar con humildad, para ese efecto. Depongamos el “enguerrillamiento”, por la unidad y el futuro de Bolivia.
En suma: hagamos efectiva nuestra solidaridad con Ucrania. ¡Ahora o nunca!

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