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Asamblea Constituyente y nueva Constitución

Desde el derrocamiento del gobierno de Evo Morales en el año 2019, la opinión política del país ha estado insistiendo, como necesidad histórica, en que un nuevo gobierno convoque a una Asamblea Constituyente. Esa demanda era producto del absoluto divorcio que había entonces entre el pueblo y el gobierno populista. Por ello, una insurrección triunfante, que derrocó a Morales, planteaba un nuevo gobierno que rectifique el rumbo del país, pues había sido conducido a una situación calamitosa.
En efecto, se produjo un levantamiento popular y se hizo cargo del gobierno un equipo parlamentario, encabezado por Jeanine Añez, por petición de un grupo de improvisados personajes, el mismo que se dedicó a tareas burocráticas. Es decir que la insurrección espontánea no nombró un Gobierno Provisional que adopte las medidas necesarias en caso de triunfar. Después del fracaso del gobierno transitorio, se llamó a elecciones generales y se restauró el régimen del MAS con Luis Arce Catacora, que conservó intacto el sistema populista de Morales, aunque sin éste. Ninguno de esos gobernantes posteriores a Morales convocó a la Constituyente. Fueron una comedia.
En todo caso, una insurrección victoriosa debe organizar de inmediato un Gobierno Provisional, para dictar medidas de urgencia y convocar a la Asamblea Constituyente que dicte una nueva Constitución Política. Ese organismo provisorio adquiere gran importancia, por su propio contenido y por lo que tiene que hacer, en especial ante los intentos de la oposición, es decir de los que fueron expulsados del poder.
Los partidos políticos pueden participar en ese Gobierno Provisional y plantear un programa mínimo de acción, a fin de evitar deliberaciones absurdas. En el caso boliviano, solo se debe considerar un programa democrático para dictar la nueva Constitución Política y dejar de lado cualquier absurdo socialista, populista o cosa parecida. La causa de esa determinación para elaborar una nueva CPE es el gran atraso histórico y económico del país y porque es el único camino decisivo para avanzar de manera democrática. No hay otra solución.
Por tanto, la Asamblea Constituyente, luego de aprobar la nueva Constitución democrática, puede propiciar la elección del nuevo primer mandatario, con respeto estricto al nuevo orden de cosas, en vista de que el país tiene que ser conducido hacia el sistema democrático. La revolución boliviana es, por consiguiente, una revolución democrática.
En consecuencia, es necesaria la existencia de nuevos partidos políticos en el escenario nacional, para evitar que el movimiento social solo sea espontáneo y que por ello nos conduzca al desastre. Eso ocurrió con movimientos partidarios desde el siglo pasado, por haber sido creados sin consistencia, sin programas ni ideologías y con insuficiente cantidad de integrantes.
En esa forma se puede, pues, evitar que vuelvan males como los golpes de Estado, motines, rebeliones y otros que fueron frecuentes en el pasado del país.

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