La escalera de doble hélice que está al final del recorrido de los Museos Vaticanos, diseñada por Giuseppe Momo en 1932, se inspira en la obra de Bramante, pintor y arquitecto italiano. Algo que llama la atención en esta ‘escalera’, es que no dispone de escalones, siendo configurada a modo de rampa –suelo realizado en patrón de espina de pez y sin gradas– y cuenta con una pequeña barandilla de metal.
Otra escalera se encuentra en el interior de la Torre de Pisa, la cual posee 3,97 grados de inclinación hacia el sur, lo que también afecta a los usuarios al subir o bajar los 251 escalones para llegar a la cámara del campanario desde la base de la Torre. Inclinación que puede provocar desequilibrio e inclusive mareos.
Antes de hacer una analogía entre escalera y vida, diremos que biología es definida como «La capacidad de nacer, respirar, desarrollarse, procrear, evolucionar y morir». Y sus respectivas etapas del desarrollo humano: primera infancia, niñez, adolescencia, adultez, ancianidad, con sus respectivos rangos de edades entre unas y otras. ‘Trasladarse’ por las mismas dependerá sencillamente del calendario.
Pero, ¿en el caso de los logros que podamos alcanzar en nuestras vidas, teniendo en cuenta si sus ‘escalones’ están en forma de rampa, inclinadas, tengan o no pasamanos o barandillas?
No queda dudas sobre que subir la escalera, rodar por ella hacia abajo o sostenerse firme para no caer y seguir ascendiendo más o menos rápido –sobre todo en la etapa de adolescentes (entre 12 y 21 años), cuando siendo estudiantes, debieran haber cursado los niveles de enseñanza media, diversificado y universitario– dependerá de muchos factores, como: madurez, responsabilidad, disciplina, apoyo de los padres, de sus maestros.
Cada cual podrá reflexionar sobre si ha vivido de la mejor forma posible. Esa etapa de análisis se traslada con mayor énfasis al rango entre los 60 años o más (ancianidad), lo que no resta que los adultos (desde los 21 a los 60 años), lo puedan hacer. El razonamiento será producto de la experiencia vivida.
Pensarán mis colegas docentes que jóvenes de hoy no saben ni se preocupan por ‘ascender’ en la vida. No es cierto. ¿Acaso nosotros mismos, no hemos resbalado? En lo personal sí, ¿motivos?, no estudiar, no hacer caso a los pocos consejos que tuve, desaprovechar las oportunidades, no tener una vocación para el estudio. Hechos que son reales, pero que también no deben ser utilizados como meras justificaciones, para caer de un nivel a otro.
Está claro que el ascenso en escalera de la vida deberá siempre realizarse con paso firme, inclusive, de ser necesario, habrá que sostenerse vigorosamente, dada la inclinación de la misma, entiéndase escollos, como no tener la ayuda suficiente de los padres, no disponer de recursos económicos suficientes y otros.
Los docentes deberán ser las ‘luces que iluminan cada escalón’, y por qué no, los ‘pasamanos’, logrando que la escalera (vida) sea menos estrecha, menos torcida posible y esos jóvenes, nuestros chicos, logren ‘tomar el cielo por asalto’.
El autor es Licenciado en Ciencias Pedagógicas.
