Para corrientes ortodoxas la clase media es un estrato social despreciable, por cuanto sería un obstáculo para el cambio social buscado por los excluidos.
Para Aristóteles, el “justo medio” es una virtud que aplicada a la vida social se expresa en la clase media que sería pilar para la estabilidad y el buen gobierno, donde no existe opulencia ni miseria, puesto que esta clase social actúa como mediadora equilibrando las tensiones de los más ricos (oligarquía) y los más pobres (democracia radical).
En nuestros días, una vez virtualmente desaparecido el proletariado, sustituido por la automatización, no debe llamar la atención que desaparezca otra clase social más: la clase media, que ya está desapareciendo, lo dicen los informes de organismos económicos internacionales.
La clase media está siendo disuelta como resultado de tres transformaciones: 1) la globalización del capital, 2) la automatización del trabajo cognitivo y 3) la concentración de la tecnología en manos de elites cada vez más pequeñas.
Dichos factores, más allá de los ingresos que pueda tener la clase media (pocos o muchos), determinan objetivamente la inicial reducción y posterior desaparición de fuentes de trabajo.
A este propósito, nos provocó enorme risa el informe de una entidad global influyente que señala que es evidente que la clase media va desapareciendo, debido a que sus componentes se van enriqueciendo constantemente, pasando a formar parte de la “clase alta”. Lo que demuestra que no faltan instituciones económicas internacionales que no pierden el sentido del buen humor.
La desaparición total de la clase media no está prevista para un futuro incierto e indeterminado, ahora tiene fecha: el año 2036. Ese amplio estrato de trabajadores que tenía ingresos para la propiedad, la educación, el ocio y la seguridad bajo dependencia de los propietarios de los medios de producción, está viviendo sus últimos años como clase social, no solo en los países centrales del capitalismo sino también en los subdesarrollados como Bolivia.
La tecnología del Siglo XX requería enormes cantidades de trabajo humano de complejidad media para funcionar, se requería de millones de trabajadores que no eran ejecutivos ni peones sino algo intermedio, técnicos, supervisores contables, administrativos, oficinistas, vendedores, etc. La tecnología industrial creó la demanda de trabajo de clase media y esa demanda se tradujo en garantizar sus ingresos y su seguridad para que pueda existir y reproducirse, pero en las últimas cuatro décadas comenzó su erosión sistemática.
La globalización económica impuso la ‘automatización del trabajo’, previéndose que en los próximos diez años se hará lo que ya establecen los sistemas de inteligencia artificial (IA).
Se eliminará el trabajo de complejidad media, que es el trabajo propio de la clase media y que será sustituida por sistemas automatizados que tienen ‘rendimientos casi ilimitados’, ‘costos reducidos a casi cero’ y cuyos beneficios serán solo para los que poseen capital y formación tecnológica necesarios para operar ese sistema como consecuencia lógica de las exigencias del mercado y no de un plan deliberado para eliminar a la clase media, fenómeno que ya está ocurriendo en sus fases iniciales.
Para el año 2035, según las proyecciones más rigurosas, fuera de quienes tengan alta formación tecnológica, quedarán habilitados solamente los trabajos mal remunerados, como cuidado de personas, hostelería, reparto, limpieza, etc., empleos de calificación media.
Es de hacer notar que este sistema se desarrolla en función de la IA actual –llamada “estrecha”– que ‘aún depende del humano’, pero más allá, cuando la IA sea “autónoma” y no dependa del hombre, se prevé que la Inteligencia Artificial General (IAG) dominará todo, ya no habrá clases sociales, incluyendo a las élites que por de pronto hoy aún financian la existencia de la IA.
El autor es jurista.
