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Conductas de personas con autismo

Juana Sirpa Chinahuanca

Las conductas desafiantes preocupan a familias y a docentes que trabajan con estudiantes con Trastorno del Espectro Autista (TEA). Estas conductas pueden manifestarse con berrinches intensos, gritos, agresiones, autolesiones, rechazo a actividades, conductas repetitivas o dificultades para seguir instrucciones. Pero es importante comprender que estas manifestaciones no son actos de desobediencia o mala conducta, sino formas de expresar necesidades, emociones o dificultades porque la persona no logra transmitir de otra manera.
Las personas con autismo presentan diferencias en la comunicación, la interacción social y el procesamiento de la información sensorial. Muchas veces experimentan ansiedad frente a cambios inesperados en rutinas, ambientes con exceso de ruido, luces intensas o situaciones que les generan confusión. Cuando estas circunstancias sobrepasan su capacidad de adaptación, pueden aparecer conductas desafiantes, como una respuesta al estrés o la frustración.
Desde una perspectiva educativa, el primer paso para abordar estas conductas consiste en identificar su causa. Cada comportamiento tiene una función, ya sea obtener atención, evitar una tarea difícil, acceder a un objeto o actividad deseada, o escapar de una situación que resulta incómoda. Comprender el motivo permite intervenir de manera adecuada y evitar respuestas que puedan incrementar el problema.
Es fundamental el papel del docente para prevenir conductas desafiantes. Es recomendable establecer rutinas claras y predecibles, usar apoyos visuales, anticipar los cambios de actividades, ofrecer instrucciones sencillas y reforzar positivamente los comportamientos adecuados. Asimismo, es importante crear un ambiente seguro, respetuoso y estructurado, donde el estudiante se sienta comprendido y tenga oportunidades para expresar sus necesidades.
La familia también cumple una función esencial. La coordinación entre el hogar y la escuela favorece la aplicación de estrategias coherentes y contribuye a que el estudiante desarrolle habilidades para regular sus emociones y mejorar su comunicación. El trabajo conjunto con profesionales especializados, como psicólogos, terapeutas ocupacionales y fonoaudiólogos, fortalece las intervenciones y mejora la calidad de vida de la persona con autismo.
Es importante evitar castigos físicos, gritos o confrontaciones, ya que estas respuestas suelen aumentar la ansiedad y empeorar las conductas. En cambio, las intervenciones deben centrarse en enseñar habilidades de comunicación, autorregulación emocional y resolución de problemas, respetando siempre la dignidad y los derechos de la persona.
Finalmente, se debe entender las conductas desafiantes en el autismo como una forma de comunicación, no un acto de rebeldía. Cuando docentes, familias y profesionales trabajan de manera coordinada para identificar las causas de estas conductas y aplicar estrategias basadas en comprensión, respeto e inclusión, es posible favorecer el desarrollo integral de la persona, fortalecer su bienestar emocional y promover una convivencia escolar más positiva y participativa. La educación inclusiva exige reconocer las necesidades individuales de cada estudiante…

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