En la era digital, el “ghosting”, esa práctica de desaparecer sin explicación, se ha vuelto común en las relaciones personales, pero hay algo que los benianos NO somos: fantasmas que evaden su destino. Al contrario, el beniano ha despertado, rompiendo viejos estereotipos de aislamiento y postergación para dar un salto firme hacia el desarrollo.
Por décadas, el Beni fue visto como el “hermano menor” de Bolivia, una tierra de paisajes exuberantes, pero con potencial económico desaprovechado, conectado más al pasado que al futuro. Hoy, esa narrativa se resquebraja. Los benianos no huimos del progreso. Lo estamos construyendo. Desde la agroindustria que alimenta al país, hasta el turismo que atrae miradas internacionales, la región está demostrando que su riqueza no solo está en su naturaleza, sino en su gente.
Es obvio que los desafíos persisten. La falta de infraestructura vial, el centralismo lacerante y la burocracia aún frenan oportunidades. Pero hay un “cambio de actitud” en los benianos, ya no esperamos que las soluciones caigan del cielo. Emprendedores, jóvenes profesionales y empresarios están innovando en tecnología sostenible, comercio y educación. El Beni ya no pide permiso para crecer. Exige las herramientas para hacerlo.
Este despertar no es casual, es la suma de una identidad cultural resiliente, una mezcla de raza mestiza pujante y una urgencia por dejar atrás el conformismo. NO somos espectadores. Somos protagonistas. Basta ver las redes sociales benianas que resaltan proyectos con críticas constructivas y orgullo por lo nuestro.
La revisión es transcendente, el Beni NO está desapareciendo del mapa nacional; Está reclamando su lugar en él. Si antes nos veían como un “fantasma” en la economía boliviana, hoy demostramos que somos una fuerza viva.
El salto al desarrollo no es fácil, pero el primer paso, el despertar, está dado. Lo que sigue es caminar con firmeza siempre hacia adelante, sin mirar atrás. ¡La unión es la fuerza!
El autor es Abogado beniano.
