Poder ciudadano

Severo Cruz Selaez

Parece que el ciudadano de a pie fue predestinado para salvar Bolivia, con su trabajo, esfuerzo y privaciones. Para salvar Bolivia de la coyuntura actual adversa, provocada por la ineficiencia y la pelea interna del oficialismo. Lo hará inclusive llevando a cuestas situaciones de austeridad por el bien común. Lo hizo en épocas de la extinta UDP y en momentos de conflagración internacional. Lo hizo ajustándose el cinturón, mientras políticos disfrutaban la riqueza mal habida.
Ahora lo hará para reencauzar el rumbo de la historia. Para cambiar el desastroso destino nacional, que causa malestar, desesperanza e inseguridad, con uno que signifique bienestar, canasta familiar accesible y seguridad para actividades privadas. Para que haya suficiente combustible y vuelva a circular el dólar. Será decisivo el voto en las urnas electorales.
El ciudadano de a pie, de las dos regiones más pobladas del país, Santa Cruz y La Paz, marcará el cambio, en las elecciones generales, cuyo cronograma oficial arrancará próximamente. Decidirá, en definitiva, la suerte de una población de doce millones de bolivianos, que vive en la incertidumbre, debido al encarecimiento de artículos de consumo y, además, se advierte la confiscación de pequeños ahorros en dólares. Esta realidad representa el “cambio” para ciertos desubicados.
Decíamos Santa Cruz y La Paz, dos departamentos del país. El primero sumamente productivo y el segundo consumidor por excelencia. Ambos jugarán un rol protagónico en la contienda electoral de 2025. Quienes logren enamorar con propuestas, con ideas e inquietudes anticrisis, al ciudadano de a pie, de dichas regiones, tendrán el camino expedito para llegar al poder. A estas alturas de la historia nadie puede presumir de contar con el respaldo mayoritario de dichas poblaciones. Y quienes votaron por los gobiernos de turno, en anteriores elecciones, se sienten defraudados, porque ahora tienen la cacerola vacía, a raíz de los desaciertos en materia económica.
El ciudadano de a pie, del oriente y occidente, sufre hoy por la subida de precios de alimentos, escasez de combustibles y ausencia de dólares, hechos que profundizaron la crisis económica, resultado de la irresponsabilidad e indiferencia gubernamentales. Si él no contribuye al cambio, aprovechando la coyuntura electoral, estaría incurriendo en masoquismo, permitiendo el retorno del autoritarismo, que campeó durante 19 años.
El ciudadano de a pie, que no ha logrado bienestar ni en tiempos del auge gasífero, ahora buscará reivindicarse, en las urnas electorales, promoviendo el cambio, de cara al venidero. Un cambio que le devuelva certidumbre, tranquilidad y esperanza, para que continúe participando en la difícil tarea de reconstrucción nacional, con crecimiento sostenible. En anteriores elecciones votó por gestiones irresponsables, que dilapidaron los millonarios ingresos de la exportación del gas. Además, fue postergado en sus justas aspiraciones de mejores días. Le confundieron con un discurso indigenista, a fin de imponer un régimen socialista.
En suma: la participación del ciudadano de a pie, en las elecciones de agosto, será determinante.

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