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Las perspectivas de la deuda externa

Según datos oficiales del Banco Central, la deuda externa del país llegó, a septiembre de este año, a los 14.117,2 millones de dólares, que es casi el 24,3% del Producto Interno Bruto (PIB). Este monto revela la culminación de un proceso de desbarajuste de la economía boliviana durante los pasados veinte años, particularmente con los gobiernos del Movimiento al Socialismo (MAS), primero con Evo Morales Ayma y después con Luis Arce Catacora en la presidencia. Es decir que el manejo de la economía nacional fue irresponsable y deficiente en esos períodos de gobierno.
Al respecto, cabe señalar que una enorme cantidad de dinero por la venta de gas a países vecinos, en particular, fue derrochada por el masismo en el poder, obnubilado por la denominada bonanza económica de entonces. Creyeron los gobernantes populistas que siempre habría bastante gas para exportar, pero se equivocaron rotundamente. Hoy, por el agotamiento de los yacimientos de gas se agrava la crisis económica, que es herencia dejada por el populismo gobernante que duró dos décadas.
Que la deuda externa de Bolivia hubiese llegado a ese nivel, a pesar del mencionado auge económico del pasado reciente, revela, en primer lugar, que la crisis económica tiene que ser objeto de una urgente operación financiera, que permita aliviar al enfermo, para que comience su recuperación, aunque sea con el medicamento más antipopular. No queda otro camino.
En todo caso, ese extremo se veía venir porque no fueron adoptadas medidas oportunas para prevenir la crisis actual, como diversificar la economía nacional, buscar otros reservorios de gas, reducir el déficit fiscal, eliminar las empresas públicas deficitarias, etc. Es más, no fueron escuchadas las sugerencias que se les hacía a los gobernantes del MAS desde diversos sectores políticos y sociales.
Hoy, el presidente Rodrigo Paz Pereira trata de sacar al país de la bancarrota mediante la obtención de créditos externos, olvidando que, durante su campaña electoral, había declarado que no era necesario endeudar al país. En consecuencia, durante los últimos once meses, el gobierno ha gastado divisas provenientes de organismos internacionales, como BID, CAF, Banco Mundial y otros, sin encontrar la fórmula para obtener recursos económicos de otra naturaleza.
Lo cierto es que el Estado no debería solucionar problemas solo recurriendo a dinero prestado que, si no es bien invertido, se convertirá en lastre, pues se tiene de honrar las deudas y pagar onerosos intereses. Al parecer, no hay otra forma de lograr financiamiento, por falta de iniciativa gubernamental. No se confía en el poder constructor de la población boliviana y se deja que se enriquezcan solo sectores sociales que operan generalmente en la informalidad y que son propensos al despilfarro y la violencia.
Finalmente, mientras no sean aplicadas medidas acertadas para resolver los problemas que ahora afligen a la mayoría de la población, no desaparecerá el riesgo que significa el crecimiento de la deuda externa.

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