Oh linda Ciudad de Nuestra Señora de La Paz «de perpetua memoria», al recordar los 478 años de fundación, un 20 de octubre de 1548, un año después del nacimiento de don Miguel de Cervantes Saavedra –el 9 de octubre de 1547–, hijo del cirujano Rodrigo de Cervantes y de Leonor de Cortinas. Fue bautizado en la parroquia de Santa María la Mayor de Alcalá de Henares, y es posible que hubiese nacido el 29 de septiembre, fiesta de San Miguel para asignar en su certificado bautismal el nombre del santo del día de su nacimiento.
Cervantes –autor de El Quijote–, a los 22 años en las jornadas de mar y tierra, la batalla naval de Lepanto, recibió un disparo de arcabuz turco que le causó heridas y perdió el movimiento de la mano izquierda.
Otro hecho: el 26 de septiembre de 1575, a la altura de Palamós frente a la costa catalana, en un combate con una flotilla turca a cargo de Arnauti Mamí, de origen albanés, fueron hechos prisioneros Miguel de Cervantes y su hermano menor Rodrigo, que era soldado en Italia.
El cautiverio de Cervantes en Argel, al ser vendido en calidad de esclavo a Dali Mamí, corsario de origen griego, terminó después de cinco años, cuando fue rescatado después del pago de 500 piezas de oro, según las crónicas que están en el libro de fray Diego de Haedo: “Topografía e Historia general de Argel”, publicado en 1612.
Desde Madrid, el 21 de mayo de 1590, Cervantes al cumplir 43 años y en mérito a sus relevantes servicios prestados en la defensa de la cristiandad, pide y suplica humildemente a V.M. Rey Felipe II, sea servido de hacerle merced de un oficio en las Indias que al presente está vacío; de “Corregidor de la Ciudad de La Paz”; porque es hombre hábil y benemérito para que V.M. le haga merced; porque su deseo es continuar siempre en el servicio de V.M. y acabar su vida como lo han hecho sus antepasados que en ella recibirá muy gran bien y merced.
El Consejo de Indias en fecha 6 de junio de 1590, le denegó la petición, mediante su relator Dr. Núñez Morquecho, bajo la recomendación de que busque otro empleo en la propia España, privándole al glorioso soldado del justo premio por los relevantes servicios prestados en defensa de la cristiandad, como a cualquier Alguacil de Aldea.
En 1605, a los 58 años, publicó su obra cumbre “Aventuras del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”.
En todos los tiempos los escritores fueron temidos y sus libros no podían circular libremente en el Nuevo Mundo, y estaban regulados bajo el epígrafe de garantizar la propiedad intelectual, por el Tribunal del Santo Oficio de la inquisición española desde el año 1502, cuya intromisión alcanzó al mundo cultural de difusión de las ideas mediante la publicación de los libros. Los Reyes Católicos en el control del libre pensamiento promulgaron una ley, autorizando a las autoridades eclesiásticas para imprimir libros. Posteriormente, en el año 1554 el Consejo de Castilla concedía el visto bueno para publicar nuevos libros, con la aprobación de un Censor. En caso contrario, ingresaba en las listas de libros censurados o prohibidos en todo el reino europeo (Catálogo de Librorum prohibitorum).
Así, el texto clásico de la literatura castellana ingresó en el catálogo de libros prohibidos, y fue modificado el libro “El Quijote”: Capítulo 36, al medio fue borrado: Sancho que las obras de caridad que se hacen tibia y flojamente no tienen mérito, ni valen nada (las ediciones modernas están corregidas). Esta prohibición desapareció en las actuales ediciones al incluir dicha frase.
En este contexto, en Bolivia, el presidente Víctor Paz Estenssoro, mediante el decreto de 19 de octubre de 1960, designa “Corregidor Perpetuo de la Ciudad de Nuestra Señora de La Paz”, a don Miguel de Cervantes Saavedra, el insigne autor de “Aventuras del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”.
Después de 370 años, se hizo posible la ínsula de sus anhelos del ilustre escritor más reconocido de la literatura en lengua española, don Miguel de Cervantes: “El oficio en Las Indias de Corregidor de la gloriosa y noble Ciudad de Nuestra Señora de La Paz”, su amor a distancia, cuanto más lejos más profundo, identificándose así con nuestra realidad social, para el legítimo orgullo apostado en su pedestal de gloria como una atalaya de inmortalidad.
El autor es Abogado.
