El diagnóstico del Fondo Monetario Internacional (FMI) contenido en el programa de estabilización acordado con Bolivia describe una crisis fiscal y externa que se ha ido acumulando durante las últimas dos décadas. Déficits fiscales persistentes, un tipo de cambio fijo sobrevaluado y la caída sostenida de la producción y exportación de gas natural habrían debilitado progresivamente la solvencia externa del país, reflejándose en un deterioro severo de las reservas internacionales. La meta de recuperar reservas hasta diciembre de 2026 y preservar su sostenibilidad durante los tres años de vigencia del acuerdo convierte a las reservas internacionales en el verdadero corazón del programa de ajuste.
El problema de Bolivia no es únicamente la escasez actual de dólares, sino la pérdida gradual de la capacidad para generarlos. Por eso el programa del FMI gira alrededor de las reservas internacionales y las considera como el síntoma visible de un problema mucho más profundo. Bajo esta lógica la consolidación fiscal, la eliminación de subsidios, las restricciones al financiamiento operativo del Gobierno por parte del Banco Central de Bolivia (BCB), una mayor flexibilidad cambiaria y las reformas institucionales dejan de ser objetivos en sí mismos y pasan a convertirse en instrumentos destinados a reconstruir la capacidad del país para generar y conservar divisas.
Un aspecto poco conocido del acuerdo es que el FMI no utiliza la misma definición de reservas internacionales que suele presentar el BCB. El programa monitorea un indicador denominado “Program Net International Reserves”, que consiste en descontar de las reservas brutas diversas obligaciones en moneda extranjera, incluyendo el crédito del propio FMI, depósitos en divisas del sistema financiero, parte del oro que por disposición legal no se encuentra disponible para ser utilizado y otros pasivos.
Bajo esta metodología más estricta, Bolivia habría iniciado el programa con una posición de reservas netas negativas cercana a USD 2.990 millones. Esto no significa que el BCB carezca de activos internacionales, sino que, una vez descontadas las obligaciones externas del país, los pasivos superan a los activos utilizables definidos por el programa, en consecuencia, la posición externa neta resulta considerablemente más débil. Si hoy las reservas líquidas rondan los USD 474 millones, esta meta es muy exigente y constituye el primer gran objetivo cuantitativo del programa.
Para alcanzar la meta inicial de recuperación de reservas, el programa asume la llegada de financiamiento de organismos multilaterales complementado por una menor salida de divisas, la acumulación de reservas por parte del BCB y una mejora gradual del sector externo. Sin embargo, el objetivo de fondo no es acumular reservas de manera transitoria, sino crear las condiciones para que Bolivia vuelva a generar divisas genuinas y pueda sostener esa recuperación durante los tres años de vigencia del acuerdo.
El principal riesgo del programa no parece ser la acumulación inicial de reservas, sino su sostenibilidad posterior. Bolivia sigue necesitando divisas sobre todo para importar combustibles, el riesgo aquí es bastante evidente, evitar que esos dólares vuelvan a salir por déficit fiscal, subsidios, presiones cambiarias o importaciones energéticas.
El segundo gran riesgo del programa es su sostenibilidad social y política. La experiencia internacional muestra que reconstruir reservas y corregir desequilibrios fiscales es posible desde el punto de vista técnico, pero mantener el apoyo social a las reformas resulta mucho más difícil. Esta es, en mi opinión, la verdadera prueba de viabilidad del programa. La protección efectiva de los sectores vulnerables y de los hogares de ingresos medios-bajos será, por tanto, un elemento tan importante como el cumplimiento de las metas fiscales y monetarias
La principal interrogante no es si las metas son coherentes entre sí o la existencia de viabilidad técnica para el éxito del programa, sino si la economía podrá generar las divisas necesarias para alcanzar esa acumulación de reservas sostenida sin provocar costos económicos y sociales superiores a los previstos.
El autor es economista.
