Con mucha alegría recibí la noticia de que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) decidió restituir la personería del histórico partido Falange Socialista Boliviana (FSB). Luego de años de injusticia política y de una usurpación de la sigla, es que por fin no solo Falange obtiene justicia, sino todos sus aguerridos militantes y los ciudadanos patriotas que buscan una alternativa política enfocada en salvar a Bolivia.
No recuerdo la primera vez que escuché de Falange y de su jefe, Óscar Únzaga de la Vega, lo que sí tengo por seguro fue que en una etapa muy temprana de mi vida. Y si algo aprendí, es que tanto el partido como Únzaga profesaban un amor sincero y puro a Bolivia. No es una locura decir que Falange es el único partido boliviano que ha defendido y profesado el nacionalismo boliviano y que, a través del mismo, sus militantes siempre han aportado al desarrollo de la nación.
Además, FSB se ha caracterizado por ser un partido con doctrina, visión de país y principios claros. La presencia de estos elementos hacen que el retorno de FSB a la arena política sea de mucha más importancia de la que parece, pues creo firmemente que muchos patriotas y bolivianos de bien, que tienen todas las capacidades para aportar al desarrollo del país, no han podido participar en la política, ya sea por falta de afinidad con los partidos actuales o porque ninguno de éstos ofrecía una visión de país clara.
En lo personal, debo agradecer a todos los partícipes y falangistas que han colaborado en la recuperación de la sigla de este histórico partido. Al hacer esto no solo han hecho justicia para los falangistas y bolivianos de bien, sino también que le han dado una esperanza política a Bolivia.
Leyendo la doctrina falangista y su documentación histórica, es que uno se da cuenta que estas ideas son más necesarias que nunca y, si bien deben ser actualizadas en ciertos ámbitos y campos, la esencia de estas mismas sigue siendo de gran utilidad. Hoy, más que nunca, un partido político como FSB es quien debe guiar a las nuevas generaciones y a todos los bolivianos para amar a la patria y estar prestos a realizar sacrificios con tal de verla prosperar, engrandecerse y convertirse en un referente en toda nuestra región.
Lo dije en muchas notas y lo repito en ésta: Bolivia necesita del nacionalismo boliviano para salir de la dura situación que atraviesa. Solo el nacionalismo boliviano será capaz de consolidar a la nación y fortalecerla tanto en lo práctico como en lo espiritual. Solo con el nacionalismo, los bolivianos entenderán que el destino de este país no es trágico y que dependemos de nosotros mismos para cambiar el curso de la historia y construir la potencia regional, objetivo para el cual contamos con todas las potencialidades. Solo el nacionalismo garantizará la creación del nuevo Estado y, sobre todo, forjará a bolivianos preparados y con todas las capacidades para impulsar el desarrollo del país. Bolivia debe dejar atrás las conductas de división y odio y optar por propuestas de unidad nacional y de engrandecimiento nacional.
Espero que FSB y todos los falangistas, en esta etapa de reestructuración, puedan organizar correctamente el partido político y, sobre todo, prepararlo para la gran cruzada que será salvar a la nación. Hoy más que nunca, los falangistas y simpatizantes nacionalistas deben trabajar en aras de potenciar a Falange en todos los ámbitos y, sobre todo, mostrar una forma de hacer política enfocada en el patriotismo y en vista de favorecer los intereses nacionales, tal como predicaba Únzaga.
Lo enormemente positivo es que en ciertos departamentos la reorganización falangista ya es remarcable, tal es el caso del departamento de La Paz, donde lleva siendo realizada por un Consejo Político Departamental caracterizado por contar con falangistas de todas las edades, mostrando experiencia, carácter y renovación.
Falange vuelve: surge una esperanza en política nacional
Fabian Freire
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