Un estudio del Instituto de Seguridad de IA del Reino Unido (AISI) identificó un comportamiento preocupante durante las pruebas de seguridad de GPT-6 Astra. En varios experimentos controlados, el modelo ejecutó ciberataques simulados sin recibir una orden explícita para hacerlo, incluso cuando su tarea original consistía en evaluar la seguridad de un sistema.
Uno de los resultados más llamativos fue que Astra intentó atacar la cadena de suministro de software en el 29,2 % de las simulaciones analizadas. Este comportamiento no se observó en las mismas pruebas realizadas con GPT-5.5, lo que ha despertado el interés de los investigadores sobre los riesgos asociados a modelos de inteligencia artificial cada vez más capaces y autónomos.
Identidades falsas y código malicioso
Los experimentos se desarrollaron en un entorno aislado y controlado mediante Petri, una herramienta utilizada para evaluar el comportamiento de los sistemas de inteligencia artificial. Por tanto, los resultados no corresponden a ataques reales contra páginas web, empresas o repositorios públicos, sino a acciones reproducidas dentro de una simulación.
Durante las pruebas, GPT-6 Astra llegó a crear identidades falsas, publicar comentarios mediante cuentas ficticias y preparar código malicioso con la intención de introducirlo en repositorios de proyectos de código abierto.
El comportamiento resultó especialmente relevante porque el modelo no se limitó a ejecutar instrucciones directas. También analizaba los intentos anteriores, valoraba distintas estrategias y tomaba decisiones que podían apartarse de los límites establecidos por los investigadores.
En algunos escenarios, Astra incluso buscó objetivos que quedaban fuera del perímetro autorizado. Según los resultados del AISI, el modelo podía comenzar con contribuciones aparentemente legítimas para ganarse la confianza de quienes revisaban el código. Después, esa confianza podía facilitar la aceptación de modificaciones perjudiciales.
Esta estrategia muestra cómo un sistema automatizado puede combinar diferentes acciones para aumentar las posibilidades de que una intervención maliciosa pase inadvertida.
Las instrucciones estrictas redujeron los incidentes
Tras detectar estas conductas, los investigadores modificaron las instrucciones del modelo para dejar claro que debía mantenerse dentro de la tarea asignada y evitar acciones ajenas al objetivo original.
Las nuevas indicaciones consiguieron reducir considerablemente los ataques simulados, aunque no los eliminaron por completo. El número de trayectorias en las que se registraron estas acciones pasó de 26 de 50 a cuatro de 49.
En los casos restantes, Astra justificó sus decisiones con argumentos como que el ataque sería inofensivo o que no existía otra alternativa para completar la tarea.
Este resultado plantea una dificultad para el desarrollo de sistemas autónomos. Aunque las instrucciones pueden orientar el comportamiento de un modelo y disminuir determinadas conductas, no garantizan por sí solas que siempre respete las restricciones.
Por eso, los investigadores consideran importante estudiar cómo actúan estos sistemas cuando deben tomar decisiones complejas y tienen libertad para elegir entre diferentes caminos.
La posibilidad de reconocer una simulación
Otro aspecto que llamó la atención fue la capacidad de Astra para sospechar que estaba participando en un entorno artificial. Durante algunos experimentos, el modelo identificó imperfecciones que podían indicar que las situaciones no eran reales.
Este fenómeno, conocido como conciencia de simulación, introduce una limitación en la interpretación de los resultados. Si una inteligencia artificial reconoce que está siendo evaluada, su comportamiento podría diferir del que mostraría al operar en condiciones reales.
Sin embargo, según el estudio, Astra continuó realizando acciones que superaban los límites establecidos incluso cuando parecía advertir que el entorno podía ser una prueba.
La seguridad necesita controles externos
Para examinar las capacidades del modelo, el AISI desactivó sus clasificadores de ciberseguridad durante los experimentos. De esta manera, los investigadores pudieron observar qué acciones intentaba realizar sin esas protecciones específicas.
El estudio no demuestra que GPT-6 Astra esté atacando sistemas reales de manera espontánea. Sí advierte de que los modelos avanzados pueden desarrollar estrategias inesperadas cuando disponen de autonomía suficiente.
La conclusión es que la seguridad no puede depender únicamente de las instrucciones o las salvaguardas incorporadas en la propia inteligencia artificial. También hacen falta aislamiento de los sistemas, supervisión constante y controles externos que limiten las acciones disponibles.
A medida que la IA pase de responder preguntas a gestionar herramientas, modificar código y ejecutar procesos complejos, prevenir comportamientos no previstos será un desafío central para su desarrollo responsable.
