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Octubre negro, la amenaza

Severo Cruz Selaez

Algunos sectores hablan de un octubre negro. Amenazan con reeditar ese despropósito. Hecho que sirvió de trampolín a los devastadores del país. Como consecuencia de ello se ha detenido el crecimiento. La subvención de combustibles ha devorado la economía nacional. También se ha agotado los recursos gasíferos. Y dilapidado los dólares de la bonanza económica. Surgieron los nuevos ricos y se multiplicaron los vulnerables. La tragedia que vive hoy Bolivia, tiene su origen en esa nefasta convulsión.
Hoy las circunstancias políticas son diferentes. Los protagonistas, inclusive. Los objetivos de la coyuntura son otros. Quien financiaba desde afuera, ya pasó a mejor vida, su sucesor está preso. La derecha se impone en la región. Quienes promovieron octubre negro, ya son personas mayores. Otros fallecieron. Fueron ignorados por quienes se adueñaron del Palacio Quemado, a partir del 2006. Por los que estuvieron al servicio incondicional de las dictaduras socialistas. Pasaron a la historia sin pena ni gloria. Sirvieron de “escalera”, lamentablemente, para que aquellos sean gobierno, por cerca de veinte años. Hasta dejarnos un país sin gas, cuyo producto tendremos que importar. “El diablo no sabe, para quien trabaja”, señala un dicho.
Octubre negro es un referente del peor desastre político. Lo único que hizo fue quebrantar la democracia. Fue protagonizado, bajo consignas foráneas. De aquellos enemigos del Coloso del norte. Que siempre se opusieron a la iniciativa privada y priorizaron los lineamientos estatistas. Hoy en día la población saldrá en defensa de los fueros democráticos. Preservará el sistema porque permite coincidir o discrepar en libertad. Desde entonces a la fecha, ha madurado ciertamente. La región andina, que fue escenario de tales movimientos, ha cambiado de mentalidad y actitud. Prueba de ello es el accionar que asumió en el conflicto reciente de los 53 días. Expulsó de sus calles a quienes promovían “bloqueos”. Obviamente que aún existen ciertos grupos aleccionados.
Pero no hay una cabeza visible que aglutine al conjunto, con capacidad de convocatoria, como en otras regiones del país. Con liderazgo que inspire confianza y decisión. Que haya surgido desde las bases. Seriamente comprometido con el destino de la patria chica y de la Patria Grande. Con un discurso renovado y depurado de insultos. Con un propósito de índole nacional, que sea asimilado en los cuatro puntos cardinales. Con propuestas serias, realizables y oportunas, que conciten el interés de propios y extraños. Que no incurra en mitomanía ni en falsas promesas. Y no tendrían cabida los remanentes de octubre negro. Porque ellos iniciaron la fase de la destrucción nacional, ofreciendo el camino expedito a quienes hicieron un “carnaval” del destino nacional.
En suma: los bolivianos, en su mayoría, no desean asistir a un octubre negro, con derramamiento de sangre, sino a un octubre 2026, que signifique paz, unidad y trabajo.

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