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El ajuste restrictivo y la ilusión cambiaria: el costo para la banca y el riesgo del FMI

Kevin Marcelo Donaire Velasco

El Banco Central de Bolivia (BCB) ha emitido recientemente dos Resoluciones de Directorio que reconfiguran las reglas del juego para el sistema financiero y el mercado de divisas. La lectura conjunta de ambas normativas revela una estrategia macroeconómica de doble filo, a este escenario se suma la inminente llegada de recursos multilaterales, cuyo destino definirá si el país apuesta por la recuperación o por prolongar la ficción cambiaria.

Un encaje legal encubierto y la asfixia
del fondeo
La Resolución de Directorio N° 141/2026 establece la creación de la “Reserva Monetaria Ampliada” (RMA), obligando a las entidades financieras a inmovilizar el 2,5% de sus depósitos a corto plazo en moneda nacional. En la práctica, estamos ante un encaje legal encubierto. Si sumamos este nuevo 2,5% al 3% de la Reserva Monetaria Requerida (RMR) impuesta anteriormente, y a esto le añadimos el encaje legal formal vigente, el porcentaje acumulado de retención alcanza un 21,5% sobre los pasivos a corto plazo. Lejos de ser una medida para reducir el circulante y controlar la inflación, esta inmovilización estresa el mercado de fondeo y la liquidez de las Entidades de Intermediación Financiera (EIF). Al restringir la liquidez operativa sin ofrecer remuneración alguna, el ente emisor encarece el costo de captación y paraliza la capacidad de la banca para canalizar créditos a la economía real.

La ilusión estadística en el mercado
cambiario
En paralelo, la Resolución de Directorio N° 142/2026 modifica la metodología de cálculo del Tipo de Cambio Oficial (TCO), pasando a utilizar la mediana ponderada por monto de las operaciones de compra. Estadísticamente, al ordenar las tasas de menor a mayor hasta alcanzar el 50% del volumen, este mecanismo filtra y blinda el indicador oficial contra operaciones pequeñas con precios especulativos altos.
Sin embargo, en un mercado financiero concentrado, esta fórmula matemática no democratiza la formación del precio ni evita su manipulación. Si las entidades negocian montos pequeños con tasas bajas, éstas no lograrán acumular el volumen necesario para cruzar el umbral del 50%. En consecuencia, el algoritmo de cálculo se verá obligado a seguir avanzando hacia las tasas más altas de la distribución. Esto significa que una sola entidad (o un pequeño grupo) que concentre el mayor volumen de transacciones con precios elevados forzará ineludiblemente a que la mediana aterrice en su tarifa. El volumen sigue siendo el rey absoluto, permitiendo que quien domine la cuota de mercado dicte el TCO del día siguiente, el cual ahora se publicará a las 23:30 horas.
Asimismo, al priorizar las operaciones con clientes y eliminar los márgenes restrictivos previos, se oficializa una flotación cambiaria. Si el BCB pretendiera intervenir para bajar el TCO bajo esta nueva fórmula, estaría obligado a ofertar masivamente dólares a un precio inferior al del mercado para forzar la mediana hacia abajo. Una maniobra teórica inviable, dado el actual agotamiento de las reservas líquidas.

El espejismo del FMI y el riesgo de quemar
el crédito
Frente a este escenario, Bolivia se encuentra próxima a firmar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin embargo, utilizar este salvavidas multilateral para intentar estabilizar el TCO constituiría un error histórico de política económica. Destinar deuda externa para inyectar dólares baratos al mercado es, en esencia, transformar un préstamo internacional en un gasto hundido por devaluación de la moneda.
Estos recursos deben ser canalizados estrictamente hacia sectores productivos que generen retornos, empleo y exportaciones. Utilizar un crédito del FMI para defender una paridad cambiaria que el propio mercado ya ha superado no solucionará la crisis estructural; simplemente financiará, por un breve periodo, una fuga de capitales a costa de endeudar a las futuras generaciones.

El autor es Analista del Sistema Financiero y Contexto Macroeconómico.

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