Antes de los flujos migratorios del Siglo XX, el territorio actual de Caranavi estaba habitado de manera ancestral por las naciones amazónicas Leco y Mosetén. Su modelo civilizatorio se basaba en una simbiosis con los ecosistemas fluviales (ríos Kaka y Alto Beni) mediante la caza, pesca y agricultura itinerante.
En el ámbito rural del altiplano Predomina la economía de subsistencia y el minifundio (parcelación extrema de la tierra debido a la herencia familiar). La producción se centra en cultivos de resistencia climática (papa, quinua, cañahua) y ganadería de camélidos.
La naturaleza es percibida como una deidad severa (Pachamama). El éxito agrícola depende del respeto riguroso a los ciclos climáticos y de rituales de mitigación frente a las heladas, granizadas o sequías. El espacio geográfico es horizontal, vasto y predecible en su dureza.
Con cohesión social basada en el parentesco y la comunidad tradicional (Ayllu/Comunidad originaria). El trabajo se rige bajo instituciones ancestrales de ayuda mutua como el Ayni y la Minka. La toma de decisiones pasa por la justicia comunitaria y el sistema de autoridades originarias (Mallkus, Jilakatas).
Con economía de resguardo, el excedente es limitado; por tanto, la mentalidad económica es de previsión y conservación para asegurar el alimento durante todo el año.
Para el aymara tropicalizado, (que emigró a Caranavi) el Régimen de Producción y Tierra: Economía de frontera agrícola y agroindustrial. La propiedad de la tierra suele estar organizada en «chacos» o parcelas de mayor extensión orientadas al monocultivo o policultivo comercial: café de exportación (generador de emprerarios exitosos), arroz, cítricos, coca, frutas tropicales.
La relación con el Entorno (Cosmovisión): La naturaleza es vista originalmente como un obstáculo a ser domesticado (domar el monte) y, posteriormente, como un activo de alta productividad. El entorno es vertical (colinas, Yungas), dinámico, húmedo y propenso a cambios rápidos. La ritualidad andina persiste (ch’alla), pero se desacopla en parte de su función sagrada de subsistencia para convertirse en un rito de prosperidad comercial necesitado de un impulso de competitividad.
La reconfiguración del tejido social para el aymara tropical es a través del Sindicato Agrario Intercultural. Federaciones agroecológicas en todas sus diversidades (Faecic, Fapcicar, Fapcca y otras, aunque se diría que hoy está devaluado como tal por manejos político-partidarios según conveniencia de sus dirigentes).
El sindicato sustituye al ayllu como el órgano político, jurídico y de control territorial. Existe una mayor apertura al individualismo económico; el trabajo familiar se complementa con la contratación de mano de obra asalariada temporal (peones o cosechadores).
El productor de Caranavi está plenamente inserto en la cadena de valor global (especialmente con el café de exportación). Su mentalidad está volcada a la reinversión, el comercio, el transporte pesado y la diversificación urbana (propiedades la ciudad tropical de Caranavi, en El Alto o La Paz).
Caranavi opera como el centro de articulación vial y financiero del norte de La Paz; por sus rutas circula más del 80% del transporte hacia las regiones de Beni y Pando. El comercio y los servicios emplean a más de un tercio de la población económicamente activa (PEA).
La prospectiva socioeconómica radica en la construcción de una narrativa de ciudadanía, de una identidad local inclusiva, que reconozca una paridad entre los productores interculturales aymaras y simultáneamente, reivindique y reincorpore los saberes ancestrales de las naciones originarias Leco y Mosetén junto a la de la enorme población flotante proveniente de toda Bolivia.
Aymaras andinos y aymaras tropicalizados
Ramiro Ramos Andrade
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