En las instituciones educativas, a diario son observados y escuchados conflictos entre compañeros de estudio, problemas que parecieran normales en la vida escolar. Pero no debemos ignorar lo que está pasando en las relaciones entre compañeras y compañeros. Debemos prestar mucha atención y manejar con prudencia e imaginación los conflictos por desacuerdo interpersonal. En caso contrario, pueden escalar hacia faltas de respeto, agresiones verbales, físicas y violencia en redes sociales.
Los conflictos dentro de una comunidad educativa son originados por insultos, burlas, peleas, interrupción en clases, incumplimiento de la norma de convivencia, rechazo o aislamiento de algún estudiante por parte de un grupo de amigos. Pero la realidad del nivel relación va más allá de los malos entendidos, los estudiantes responden con el mismo nivel de agresividad, con el mismo mecanismo psicológico de defensa, con una falta de regulación emocional y actos con dobles intenciones.
No podemos ser apáticos, ni mostrar desinterés ante los conflictos de convivencia. Y nos preguntamos ¿qué hacer frente a esta realidad? Se debe implementar la pedagogía de la resiliencia en el proceso formativo, en el currículum escolar, para desarrollar la capacidad ante la adversidad. Y así enfrentar la agresividad con valores como amistad, perdón, compasión y solidaridad, promoviendo la mediación escolar y fomentando habilidades socioemocionales. Enseñando a los estudiantes empatía, autorregulación, bajo un enfoque integral y preventivo que involucre a todos los actores de la comunidad educativa.
La pedagogía de la resiliencia permite el desarrollo de capacidades para enfrentar situaciones de conflicto de manera asertiva, para encontrar respuestas ante los problemas, para fomentar optimismo, autoconocimiento, promover capacidades de adaptación a los cambios y aprender a gestionar las emociones.
Es necesario educar en resiliencia en las instituciones educativas, para frenar la práctica de antivalores, como orgullo, autosuficiencia, soberbia, vanidad y, lo peor, juzgar a los demás por su apariencia personal, ideología, religión, lengua y cultura. San Francisco de Asís, el patrono de la ecología, decía que todas las maldades, las hipocresías, la violencia de los hombres vienen del corazón y debemos aprender a soportarlo por amor a Dios, con paciencia. Y ahí uno encuentra la perfecta alegría.
Por lo tanto, la educación de hoy debe favorecer el pensamiento paciente contra las actitudes agresivas, enfocada en desarrollar la autorregulación, la inteligencia emocional, facilitando herramientas de comunicación asertiva y la reflexión crítica para contrarrestar los desacuerdos en el marco de un diálogo sincero. Y, sobre todo, enseñar que en medio de las dificultades se puede encontrar la oportunidad, como decía el físico alemán Albert Einstein.
El autor es docente.
