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Yemen

Personas desplazadas alcanzan a 125.000 tras reanudarse la guerra

> Los feroces combates obligaron a la gente a abandonar sus hogares, dejando todo atrás para buscar refugio en campos de refugiados.

Abandonan sus hogares y se apiñán en coches, miles de familias yemeníes huyeron del rápido avance a lo largo de las llanuras costeras del Mar Rojo y hacia las escarpadas colinas que se dirigen a la ciudad de Taiz, en la cima de la montaña, al resurgir la guerra de forma dramática este mes.
“Huimos de una casa grande y cómoda, y aquí estamos, luchando por encontrar una lona de plástico y postes de madera”, sostuvo una de las personas desplazadas, Asma Taleb, una mujer de unos 50 años que huyó de su casa la semana pasada con sus dos hijos y cinco nietos.
“Esta guerra no distingue entre personas. Ricos o pobres, de clase alta o baja, todos huimos de nuestros hogares el mismo día y ahora todos luchamos por encontrar refugio”, explicó.
La familia huyó del distrito de Maqbanah, en la extensa región de Taiz, y se dirigió hacia el distrito de Al-Shimayateen, llegando a un campamento para familias desplazadas donde ella tiene parientes. Más de 100.000 personas huyeron de sus hogares en el último mes.
“Los combates fueron encarnizados en nuestro pueblo, y algunos de nuestros vecinos civiles resultaron muertos o heridos, así que huimos de casa y lo dejamos todo atrás”, declaró al periódico The Guardian. “En medio de las feroces batallas, uno se olvida de todo. Dejamos nuestras pertenencias, e incluso un vecino dejó su ganado”.
En cuanto Taleb llegó al campamento, encontró tres o cuatro familias viviendo en cada tienda de campaña, debido a la constante llegada de personas desplazadas. Sin otra opción, se mudó con la familia de un pariente y otras tres personas.
“El primer día, nos alegramos de estar a salvo, pero al día siguiente sufrimos las consecuencias. Seguían llegando familias desplazadas, no había espacio en el campamento y no había suficientes tiendas de campaña”, agregó.
Algunas organizaciones humanitarias intervinieron, proporcionando a las familias desplazadas alimentos enlatados y kits de higiene.
Taleb aseguró que nunca había salido de su aldea salvo en casos de emergencia, regresando siempre al cabo de uno o dos días. Esta es la primera vez que se ve obligada a huir por un período prolongado, y presiente que el regreso será difícil.
“Sueño con volver a mi pueblo hoy mismo, antes de mañana, pero no está en mis manos. Los combates continúan y cada día llegan más familias”, acotó.
Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), la reanudación de los combates en Yemen provocó el desplazamiento de al menos 125.000 personas (unos 18.000 hogares) desde principios de septiembre de 2026.
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) informó que más de 2.000 personas que huyen de las hostilidades llegaron hasta el momento a las costas del norte de Yibuti, desembarcando en distintos puntos a lo largo de la costa cerca de Obock.
Hatem Qasem, un agricultor de unos 40 años del distrito de Al-Wazeyah, al oeste de la ciudad de Taiz, creció en un pueblo donde los habitantes viven de la agricultura y la ganadería. Aseveró que cuando los combates se acercaban a su pueblo, lo único en lo que pensaban era en su seguridad.
“Somos agricultores y rara vez salimos de nuestra aldea salvo en casos de emergencia, pero hace tres días, los bombardeos y los enfrentamientos nos rodeaban, y nos vimos en la necesidad de huir”, declaró Qasem al periódico The Guardian.
Explicó que vendieron su ganado a precios bajos simplemente para cubrir los gastos de la huida, ya que no podían llevarse el ganado consigo a un destino desconocido.
“Nos llevamos a los niños y nos fuimos; unas cinco familias en un coche. No podíamos creer que hubiéramos logrado escapar de los combates, pero gracias a Dios, lo conseguimos”, dijo.
Llegaron al distrito de Al-Shimayateen, en Taiz. Aunque no tienen alojamiento allí, es una zona segura donde muchas familias desplazadas buscaron refugio.
“Me alegra que estemos a salvo y que nadie de la familia haya resultado muerto o herido, pero empezamos a darnos cuenta de que será difícil quedarnos aquí mucho tiempo. No tenemos trabajo ni nadie que nos ayude”, sostuvo Qasem.
De acuerdo con Save the Children, al menos 19 niños murieron y otros 49 resultaron heridos entre el 1 de agosto y el 9 de septiembre, lo que eleva a 117 el número total de civiles fallecidos en la escalada de violencia en Yemen y a 206 el de heridos. Al menos 175 personas murieron o resultaron heridas en una sola semana (del 3 al 9 de septiembre), entre ellas 43 niños, la cifra semanal más alta de víctimas infantiles en los últimos 12 meses.
Ante los intensos combates que azotan la aldea de Qasem, regresar a casa no es una opción. Sin embargo, para permanecer desplazado, necesita una fuente de ingresos para mantener a su familia.
“Esperaremos este mes aquí y veremos qué pasa. Si los combates se alejan de nuestra aldea, regresaremos; si continúan, buscaremos otra solución”, expresó.
La familia de Qasem, compuesta por ocho miembros, vive con otras tres familias desplazadas en la misma casa; cada familia ocupa una sola habitación para compartir el costo del alquiler.
En el campamento improvisado de Al-Safia, las personas desplazadas no tienen trabajo y dependen completamente de las organizaciones humanitarias para cubrir sus necesidades básicas.
Según la OCHA, en 2026 se estima que 22,3 millones de personas en Yemen, más de la mitad de la población, necesitarán asistencia humanitaria y servicios de protección, incluidos 5,2 millones de personas desplazadas.
Ali Qaid, director de la unidad ejecutiva para la gestión de campamentos de desplazados internacionales en la gobernación de Taiz, confirmó que algunas organizaciones humanitarias comenzaron a brindar ayuda a las familias recién desplazadas que llegan a zonas como Al-Shimayateen. No obstante, señaló que muchos civiles permanecen atrapados en zonas de combate activas.
“Los desplazamientos desde los distritos occidentales de la gobernación de Taiz continúan, y muchas personas están atrapadas en medio de los combates, lo que impide que las organizaciones humanitarias les presten ayuda”, indicó a The Guardian.

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