El objetivo es cerrar filas en torno a la democracia. Preservar ese sistema político que nos permite coincidir o discrepar sin restricciones. Que nos permite ejercer nuestros derechos, consagrados en la Ley de las leyes. Que nos permite practicar el pluralismo político e ideológico. Que nos permite elegir a nuestros gobernantes mediante las urnas. Que nos permite convivir entre ganadores y perdedores. Que nos permite dialogar e intercambiar ideas. La perspectiva democrática es, posiblemente, lo mejor que tenemos, no solo acá, sino en el mundo, pese a sus falencias. Ningún sistema es perfecto, sino perfectible en el tiempo.
La democracia boliviana está amenazada, nuevamente, por el revanchismo que asumen ciertos elementos, que fueron desalojados de la Casa Grande. Luego de los 53 días de bloqueo devastador. Grupos afines al Socialismo Siglo XXI, pretenden retomar dichas medidas. El objetivo sería exigir otra vez la renuncia del presidente Paz. Ahora manejan la perorata de una posible corrupción y la escasez de combustibles. Pero la ciudadanía, consciente del momento histórico que vive, está predispuesta a defender lo suyo, que es la democracia. No permitirá que fuerzas oscuras, con nexos ilegales, la destruyan. Ni el retroceso a épocas funestas. Que intereses sectoriales traten de imponer sus designios. Ni que el oportunismo aproveche la coyuntura para retornar al Poder.
No permitirá que el sistema sea quebrantado, por una posible dimisión del presidente Paz, dignatario electo en las urnas, por tanto, legítimo y constitucional. Representa la decisión ciudadana. Su suerte, en consecuencia, no debe ser sellada por unos cuantos radicales y desplazados, que se rasgan las vestiduras. Estará conminado, en adelante, a cumplir su mandato y ejecutar lo antes posible la transformación, conforme anhelan los bolivianos.
La confianza depositada en él, debe ser respondida con esfuerzo, decisión y firmeza. Acá no se trata de caer bien a todos. Nada de renuncia como desean algunos. Esa consigna quedará descartada, por el respaldo que reiterará la colectividad, de profunda convicción democrática. La población nacional, que suma aproximadamente once millones de habitantes, debe pronunciarse, cuanto antes, sobre la continuidad del presidente Paz, en democracia, desechando aquellas actitudes oportunistas.
No solo es un deber, sino una obligación de cada ciudadano boliviano, resguardar la democracia que nos legó la generación de los 80. La recuperación del sistema no fue tarea fácil ni sencilla, sino heroica y dolorosa. Muchos, que fueron echados del país, por el autoritarismo de entonces, expiraron en tierras lejanas. O retornaron enfermos y debilitados físicamente. Pero con un espíritu combativo y la voluntad política para construir un nuevo país. Con tales hechos se ha reconstruido la democracia y que ahora algunos despistados pretenden jugar con ella.
En suma: hoy como ayer tenemos la sagrada misión de defender a la democracia acosada por intereses creados.
En torno a la democracia
Severo Cruz Selaez
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