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Consecuencias del pasado

Severo Cruz Selaez

El bloqueo de 53 días devastó el comercio en la ciudad de La Paz, El Alto y otras regiones. Cerró negocios y aumentó el desempleo. Provocó heridas entre quienes se opusieron a esa medida irracional. Fue una movilización violenta, que arrojó muertos y heridos. Exigía la renuncia del presidente Paz y nuevas elecciones. La consigna fue lanzada desde el trópico. Conmovió a la comunidad internacional de convicción democrática.
Fue un despropósito ejecutado por los seguidores del Socialismo Siglo XXI, que usufructuaron del Poder durante 20 años, generando numerosos nuevos ricos. Considerados en su tiempo, como los “dueños” de Bolivia. En una época que llovían los dólares, gracias a la exportación de gas a países vecinos. Situación que hizo posible una transitoria estabilidad económica. Entonces no había necesidad de recurrir al Fondo Monetario Internacional. Los gobernantes creían ser los “enviados” para ejecutar el cambio. Pero no hubo tal hecho, sino un retroceso nacional.
Una crisis económica que frustró el crecimiento. Todo ello fue obra de los extremistas y como tales construyeron un gigantesco monumento, en El Ato, de quien invadió Bolivia y mató, en 1967, a soldados e instructores, de las Fuerzas Armadas de la Nación. Este dato fue tomado de la historia.
Las movilizaciones, con cierre de las principales rutas, ahuyentaron a quienes estuvieron decididos a impulsar la inversión extranjera, en circunstancia que se requería aún más de ellos. Bolivia cuenta, sin temor a equivocarnos, con un reducido número de inversores extranjeros, quienes promueven proyectos de carácter minero y agropecuario, en el occidente y oriente del territorio patrio. Ellos han soportado, en ocasión de la paralización del país, por bloqueos de vías, un duro golpe en sus actividades respectivas. Un accionar que puso en duda su permanencia en territorio nacional. Posiblemente estén buscando una región, que les ofrezca seguridad jurídica para desarrollarse debidamente. Sus operaciones permiten aportar al erario nacional, montos que favorecen a educación, salud y otros rubros.
Existen sectores aleccionados que cuestionan las proyecciones de la inversión extranjera. Piensan que dicho modelo vulnera la soberanía y profundiza la dependencia económica. Particularmente quienes representan a la izquierda y, por lo tanto, no comulgan con las estimaciones de la actividad privada. Respaldan los emprendimientos estatales, como la creación de empresas públicas, creyendo que estarían al servicio de los sectores desposeídos. Buscan que los medios de producción, entre fábricas, recursos naturales, servicios básicos, sean de propiedad del Estado, para garantizar, dicen, el bienestar colectivo. Creen que los entes privados generan la explotación de los trabajadores. Y que priorizan la extracción de la riqueza, por encima de las condiciones deplorables del pueblo.
En suma: solo aunando esfuerzos lograremos avanzar, en caso contrario estaremos en la situación de siempre.

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