InicioSeccionesOpinión¡No necesitamos Ministerio de Culturas!

¡No necesitamos Ministerio de Culturas!

Juan Carlos Carrasco

Antes de ayer fui a una de las tantas reuniones que varios movimientos están organizando en nombre de la cultura y de los artistas de todo el país. Fui con una posición personal con base en mi relación de más de 25 años con todos los entornos culturales que me tocó vivir, lo mismo que otros muy interesados en el tema. Una vez más resultó ser la típica reunión que me recuerda a las asambleas universitarias de mis tiempos (parece que nada cambio). Nos hicieron hablar un par de cosas y luego de escuchar dos minutos a unos 12 participantes (de un total de 50 o 60) aparecieron mágicamente las conclusiones, argumentando que nacieron del debate de ese día. ¿Debate?, nunca hubo un debate ni nada cercano, me reí, protesté y al final me fui, porque recordé que es así como se maneja todo, incluso el Estado; un grupo de “capitos” que creen tener la razón en todo y se aprovechan de gente que no tiene mucha experiencia en estos temas y simplemente levanta la mano ante un discurso semi-revolucionario.
Gracias a que luego fui al Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez y me alucinó la historia de la agrupación europea “Sagárnaga”, calmé la mente y decidí que es mejor exponer mi posición por esta vía, con la esperanza de que llegue a las personas indicadas y podamos de una vez liberar a la cultura de las garras de la política.
Imagino que un Ministerio de Culturas con un presupuesto enorme, que es parte de un plan maestro para aprovechar y explotar la cultura y que esté dirigido por alguien con ideales y no ambiciones, sería lo máximo en cualquier país. Pero sabemos que aquí no pasa eso, que nuestros políticos no tienen nada más que ambiciones personales, y que, por ende, no funciona, no funcionó y nunca va a funcionar, más que para repartir los pocos fondos que tiene en salarios y en hacer feliz al sector cultural que apoya al partido de gobierno. Ese es un hecho y todos los que estuvimos cercanos a la cultura en estos 25 años, vimos cómo pasó eso una y otra vez. Solo este argumento y el hecho de que ese mismo ministerio sirvió para fabricar bombas molotov, debería bastar para justificar que no tengamos un Ministerio de Culturas.
Pero no se trata de eso solamente ¿Qué hacemos con todo lo que maneja el ministerio? Definitivamente, una agencia no es más que minimizar la cultura a lo más bajo posible dentro del Estado. ¿Pero realmente nuestra cultura depende de autoridades o de una política cultural?
La respuesta me la dio clara y concisa Jaime Dunn en una charla épica que tuvimos. Es fácil, barato y se llama INSTITUCIONALIZACIÓN. Dar independencia de autogestión a todos los entes culturales que actualmente están bajo la sombra del gobierno y que las autoridades de dichos entes institucionalizados sean contratadas en consenso por las mismas organizaciones culturales institucionalizadas y descentralizadas.
Es aprovechar la crisis para liberar a la cultura de la política.
Un pequeño ejemplo: el Centro Sinfónico. Sus ingresos brutos por venta de entradas deben ir al Tesoro y se debe esperar que algo retorne con el POA de la siguiente gestión. Mientras tanto, recibe cuando el Estado tiene plata, lo mínimo necesario para su funcionamiento, y como es considerado un Escenario Estatal, no puede hacer libre uso de sus espacios y debe funcionar como una oficina pública. Tanto así, que la gran mayoría de los maestros, están en planillas de diferentes ministerios como empleados públicos. O sea, si tú eres un gran músico y formas en música a tu hijo, él no puede ser parte de la Sinfónica, así sea un gran músico, porque dos familiares no pueden trabajar en la misma entidad pública, y de paso muere su carrera como Maestro, ya que no se lo reconoce como tal. Todos sabemos que hay familias musicales.
Lo mismo pasa en el Conservatorio Plurinacional de Música, y con una serie de aberraciones que se han ido volviendo una telaraña de reglas y adaptaciones estatales.
Toda esta información la fui recibiendo de muchos artistas que son víctimas de este sistema, que deben esperar sus sueldos durante meses, que solo los contratan por 8 meses al año y por ende, no cuentan con vacaciones ni aguinaldos. Ellos lo cuentan riendo porque ya es parte de su historia y de sus mismos padres (en el caso de muchos hijos de artistas). No puedo dejar de aplaudirlos, ni de quererlos y valorar el amor que le ponen a todo. Nunca los vi bloquear, ni marchar, solo trabajar y seguir adelante.
Lógicamente que hay muchas otras áreas que solo conozco de manera superficial, pero estoy seguro de que los artistas y estudiosos de dichos temas verán como replantearlas.
Por todo ello, creo que, si aprovechamos la crisis cultural, y en lugar de pedir ministerio, pedimos INSTITUCIONALIZACIÓN y DESCENTRALIZACIÓN, comités con miembros activos de cada rubro que participen en el proceso de institucionalización, y no amiguitos del Presidente que, por haber recitado en kínder, crean que pueden opinar de Culturas.
Si el Estado tiene oídos y no se ciega ante su ambición, puede que logre en esta gestión la mejor de sus victorias sociales y culturales.

El autor es Gestor cultural.

ARTÍCULOS RELACIONADOS
- Advertisment -

MÁS POPULARES