Durante el siglo pasado, hubo esfuerzos, tanto de gobernantes como de sectores de nuestra sociedad, para defender los recursos naturales del país, pero ahora ese problema ha crecido mucho, particularmente porque no se ha podido sustituir el afán de extraerlos sin control, por lo que el riesgo de perderlos aumenta cada vez más.
Ese afán de sectores sociales, como los llamados interculturales, así como los interesados en expandir la frontera agrícola, los avasalladores de terrenos, etc., especialmente en los últimos años, cobijados por políticas populistas, han ocasionado enormes pérdidas. Y es que para habilitar tierras para plantaciones, loteamientos o explotar flora y fauna, gente inescrupulosa se ha dado a la tarea de iniciar incendios que, al no ser vigilados, han provocado desastres ambientales.
Los daños económicos para la nación han sido elevados, así como desaparecieron valiosas especies de animales y vegetales. Sin que las autoridades de anteriores gobiernos hayan mostrado verdadera voluntad para evitar la aniquilación de esas reservas naturales. Ejemplos ostensibles de tal situación han sido conocidos mediante medios de comunicación nacional e internacional, lo que ha hecho ver que la pregonada “defensa de los recursos naturales”, solo ha servido para justificar la existencia de una burocracia insensible y satisfecha.
Al respecto cabe mencionar que los voraces incendios provocados en zonas del oriente del país, ocasionaron una grave deforestación, la muerte de miles de animales y fueron afectadas inclusive poblaciones indígenas. También cabe señalar la explotación de oro en varios ríos del oriente y occidente, tarea minera que llega a contaminar tierras y agua por el uso de elementos químicos nocivos. Asimismo, hay saqueo del oro al pie del nevado Illimani, y saqueo de la plata en el Cerro de Potosí.
A ello se debe sumar la destrucción de tierras agrícolas de valles y altiplano, abandonadas por campesinos que migran a las ciudades o a países vecinos, en busca de mejores condiciones de vida. Por si fuese poco, cunde la tala de árboles de maderas preciosas en el oriente sigue, así como en otras zonas del territorio nacional. Los cooperativistas mineros explotan oro, plata y otros minerales sin vigilancia, en varias regiones, además hacen exportaciones clandestinas, sin pagar los impuestos debidos.
La corrupción es el instrumento ideal para la depredación. Lo peor es que por falta de medidas gubernamentales, desde hace tiempo aumenta el arrasamiento de riquezas naturales. El problema es grave. Su origen está en que, en muchos casos, pobladores empobrecidos se dirigen a los lugares donde hay materias primas y proceden a extraerlas sin control. Por otra parte, erradas disposiciones constitucionales de gobiernos anteriores todavía están vigentes, como la prohibición para que campesinos puedan vender sus parcelas.
Es, pues, de prioridad que ese estado de cosas sea cambiado; pero, ¿quién podrá hacerlo?
Riquezas naturales, destrucción y saqueo
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