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Gastronomía y cultura k-sool

Arte del Banju en la mesa coreana

- El chef de la Embajada de Corea fusiona la herencia imperial con insumos locales en una propuesta culinaria que rinde tributo al arte milenario de maridar con licores tradicionales

Por Susana Gutiérrez

En el escenario gastronómico mundial, el kimchi, el bibimbap y las parrilladas han conquistado los paladares más exigentes. Sin embargo, la verdadera esencia de la mesa coreana reside en el Banju, ancestral filosofía de maridar la comida con licores tradicionales.

Junto al embajador Jang Lee y a la mente creativa que opera detrás de los fogones diplomáticos, el chef de la Embajada, Jeong Ha Jeong, nos adentramos en los secretos de la cultura K-Sool. Como artífice del menú para la presentación de gastronomía y licores «K-Sool 2026», el chef Jeong no solo cocinó; articuló una experiencia sensorial de aromas, texturas y sabores diseñada para despertar los sentidos de cualquier comensal.

Ingredientes de excelencia y maestría artesanal

Formado en el rigor de las técnicas tradicionales y la sofisticación contemporánea, el chef Jeong Ha Jeong entiende que la cocina de vanguardia nace de la paciencia. Su filosofía celebra la fermentación sabia, las cocciones lentas que concentran la esencia de los ingredientes y el respeto por la materia prima. Pero su verdadero toque maestro radica en la capacidad de tender puentes. Para la degustación culinaria realizada en la residencia coreana, el chef logró fusionar la herencia culinaria de Corea con la frescura de insumos locales, como la trucha boliviana, tratada con el respeto impecable que exige la cocina de corte imperial.

Sabores que enamoran

Imagine el primer bocado de Song-eo Jeon. Delicada pieza de trucha frita al calor exacto, cuya capa dorada y crujiente contrarresta la efervescencia suave y láctea de un Makgeolli servido a temperatura ideal. Mientras la acidez del licor limpia el paladar, el chef tienta al comensal con un Galbijjim, consistente en jugosas costillas de res estofadas a fuego lento hasta que la carne se desprende del hueso, bañadas en glaseado de soya brillante, dulce y muy sabroso.

La travesía continúa hacia territorios más frescos y aromáticos. El chef Jeong nos sorprende con la ensalada de Deodeok, apreciada raíz de montaña de notas terrosas y agridulces que despierta los sentidos, acompañada de los infaltables rollos de Gimbap de ternera suave y fideos transparentes de Japchae, sazonados a la perfección para armonizar con licores cítricos fermentados con piel de mandarina de la isla de Jeju.

La experiencia se completa con el aroma humeante del Suyuk, finas lonchas de cerdo hervido a la perfección, tan tierno que parece derretirse en la boca, servidas con cebollino fresco sazonado. A su lado, la cocina del chef abraza el alma con el Nurungji Samgye-baeksuk, sopa de pollo denso y balsámico, sazonado con ginseng y arroz tostado, cuyo perfil profundo y reconfortante dialoga en perfecta sintonía con destilados puros y cristalinos de uva, que recuerdan la nobleza artesanal del Singani.

El broche de oro llega vestido de dulzura y sutileza refinada. El chef Jeong consiente a los invitados con repostería fusión memorable. Tarta de crema de tofu, de textura suave, aterciopelada y sutilmente láctea, junto a una tarta de Yuja que desborda un perfume cítrico brillante. Ambos postres se integran en boca con las notas de frambuesas silvestres del vino de frutas Bokbunja, cerrando un menú inolvidable.

Para quienes prefieren alternativas sin alcohol, la propuesta evoca la fresca vitalidad del Omija, mágica baya de cinco sabores que despliega matices dulces y picantes en una sola copa rosa espumosa, junto a un refrescante Yuja Ade helado.

Con cada plato, el chef Jeong Ha Jeong demuestra que la gastronomía coreana es mucho más que alimento: es una experiencia sensorial, generosa y envolvente que nos invita a celebrar la vida alrededor de una buena mesa.

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