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La triple entrada folklórica de La Paz

Luz Castillo Vacano

Por supuesto que es un placer visual contemplar a los miles de danzarines que se dan cita en las entradas folklóricas de la ciudad de La Paz. Junto con las bandas brindan un espectáculo de alta calidad y profundo sentido ritual. Sin embargo, este deleite actualmente se ve bastante restringido por una entrada paralela que discurre en ambos flancos: la entrada de vendedores ambulantes que suben y bajan ofreciendo infinidad de productos a los espectadores: cerveza, soda, comida, golosinas, asientos de plastoformo, café caliente y matracas de plástico para los niños… que se une a la entrada de fotógrafos aficionados, público buscando asiento y turistas.
Esta “segunda entrada” se interpone entre los danzarines y el público que ha pagado –sin obtener recibo ni factura alguna– entre Bs 40 y 100 a quienes han instalado, para tal fin, unas graderías sin control de calidad. Y es justamente en ellas donde se produce la “tercera” entrada: el ingreso de las personas que desean ver la entrada. Este ingreso consiste en atravesar la parte inferior de la gradería desde la parte posterior, es decir, la otra calle por donde se produce la entrada, hacia el asiento elegido. Este ingreso es un ejercicio bastante parecido a uno que haría Rambo u otro soldado para atravesar un obstáculo: realizando una genuflexión e incluso arrastrándose en el suelo, los espectadores logran “entrar” a su asiendo.
Es así como se produce la “triple entrada folklórica” en la ciudad de La Paz: bailarines por la parte central del carril de bajada, vendedores y público, entre los bailarines y el público sentado, en el mismo carril de bajada, y el público que atraviesa la gradería para ubicarse en su asiento desde el carril de subida hasta la jardinera. El único espacio donde solo entran los danzarines y músicos es la cuadra del palco principal donde se encuentran las autoridades y los agregados culturales. En la cuada del “palco” se concentran los policías y los puntos de transmisión centrales de los medios de comunicación. También se concentran fotógrafos que rodean a los bailarines más sobresalientes.
Si bien las ciudades como Oruro ya han resuelto esta complicación mediante el uso de vallas en todo el recorrido del Sábado de Peregrinación, La Paz aún no logra un absoluto ordenamiento de las entradas folklóricas, así como no logra ningún ordenamiento del comercio informal en vía pública o de las “trancaderas” en horas pico. Es probable, por tanto, que las triples entradas folclóricas sean el simple reflejo de la tugurización del espacio público, el abandono del peatón y del público de las entradas, así como la escasa gestión del comercio, las graderías y las vallas, generando, en consecuencia, la pérdida de la calidad de vida y de la posibilidad de visualizar a los miles de danzarines y músicos que, con mucho esfuerzo, protagonizan las entradas folklóricas.
Probablemente sea mejor y más útil contemplar las entradas folklóricas en los medios de comunicación que muestran imágenes mucho más limpias que las que se puede contemplar directamente en la vía pública.

La autora es antropóloga.

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