En 1979 Bolivia fue el único país proveedor de gas en Sudamérica. En 2003, proyectaba exportar dicho producto, vía puerto chileno, a Estados Unidos, considerado como el mercado más grande e importante del planeta. Empero, se truncó ese proyecto. La exportación a naciones vecinas, como Argentina y Brasil, generó cuantiosos ingresos al erario nacional. Marcó, en consecuencia, la bonanza económica que jamás antes se vio en nuestra historia. Entonces nos hicieron creer que la economía estaba blindada. Que vivíamos una época del “milagro boliviano”. Los dólares fueron despilfarrados, para perpetuarse en el Poder. Se ejecutaron obras conocidas como “elefantes blancos”. Bolivia, hoy en día, ante el agotamiento de ese recurso natural, está a punto de importar, para cubrir el consumo del mercado interno. Todo ello es consecuencia de la sobrexplotación. He ahí lo que nos dejaron los gobiernos de turno.
Los que menos debían hablar hoy, son los responsables de la ruina nacional. Pero, aprovechando la democracia, lanzan dislates que provocan confusión, en la ciudadanía. Aquellos han generado desempleo y elevación del costo de vida, escasez de combustibles y de dólares. Realidad que ahora pospone el crecimiento con desarrollo sostenible. Situación que no se puede cambiar de un plumazo. Requerirá tiempo y vocación de servicio al país. Ello está en manos de quienes gobiernan.
Los “salvadores” de siempre, empero, no se estarían relajando. Posiblemente estén trabajando para reeditar sus acciones convulsivas. En deterioro de la democracia. El afán sería imponer los designios socialistas. Quizá creen que la tercera, es la vencida. El escollo por ahora sería, para ellos, el estado de excepción. Hablan, en sentido figurativo, de que un “pollo”, no les puede doblegar. Insinuaciones de esa naturaleza surgen desde el trópico. Parece que algo estarían cocinando. Quizá hayan pergeñado proyectos de envergadura, para solucionar los macro y micro problemas del país, cosa que lo dudamos. En circunstancias que Bolivia se encuentra inmersa en profunda crisis económica. Rodeada, además, por gobiernos de tendencia antagónica al Socialismo Siglo XXI. Con excepción, obviamente, del coloso sudamericano, quien se lleva bien, con inversionistas extranjeros.
¿Qué lecciones podrían ofrecer, a las nuevas generaciones, quienes ocasionaron el desastre boliviano?, esa es la pregunta del millón. Intentarían, seguramente, reinventar la historia, para tratar de encubrir los errores que devastaron el futuro nacional. Tratarían de lavarse las manos como Pilatos. Por ahora respiran por la herida, por cuanto fueron desplazados. En el reciente conflicto, que tuvo una duración de 53 días, fueron arrinconados por la ciudadanía, de profunda vocación democrática. Están desprovistos, por lo tanto, de moral política para cuestionar el curso de la historia.
En suma: Bolivia requiere paz social, para trabajar, producir y exportar, en la perspectiva de alcanzar competitividad, en la región.
De la ruina nacional
Severo Cruz Selaez
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