En un escenario donde la escasez de dólares golpea a Bolivia, resulta imperativo mirar hacia las fronteras. La Aduana Boliviana, históricamente lastrada por denuncias de corrupción (no es secreto que a esa institución muchos corruptos van a enriquecerse cometiendo ilícitos) y una profunda ineficiencia institucional, juega un papel en esta crisis. Un trabajo aduanero transparente y riguroso no solo evitaría la evasión tributaria, sino que tendría un impacto directo e inmediato en la economía nacional: habría más dólares en Bolivia.
Cuando el control aduanero falla, millones de dólares salen ilegalmente del país para pagar por mercadería de contrabando. Si la Aduana cumpliera su rol con eficiencia u probidad, estas divisas se quedarían circulando en el sistema financiero nacional, fortaleciendo las reservas y estabilizando la moneda. Sin embargo, la permisividad ante el ingreso de productos ilegales convierte a la institución en cómplice silencioso de la sangría económica que hoy padece Bolivia.
Esta misma deficiencia institucional abre las puertas de par en par a la piratería descarada. En Bolivia, la copia no autorizada ha dejado de ser un fenómeno aislado para convertirse en una práctica masiva que ahoga a los emprendedores formales. Un ejemplo claro se observa en el sector de la confección de ropa. A lo largo del país, cientos de talleres informales subsisten gracias a la imitación a gran escala de diseños y logotipos pertenecientes a grandes firmas internacionales. Si bien esto representa una fuente de ingresos para muchos, constituye una competencia desleal para la industria formal y legalmente establecida, además de frenar la innovación y el diseño con identidad propia.
Al final de la cadena, esta dinámica se entrelaza con el mayor problema estructural de nuestra economía: la alarmante tasa de trabajo informal, que bordea el 85% de la fuerza laboral. La falta de control en las aduanas permite que el mercado nacional se inunde de ropa falsificada y productos de contrabando con precios artificialmente bajos. Esto destruye los empleos dignos, formales y con beneficios sociales, obligando a miles de ciudadanos a refugiarse en la economía subterránea, el comercio ilícito y la falsificación para poder subsistir día a día.
El círculo vicioso es evidente: Aduana corrupta = contrabando masivo = fuga de dólares = competencia desleal y piratería = híper-informalidad. Romper este esquema exige una reestructuración en el sistema aduanero. Solo con una Aduana eficiente, incorruptible y comprometida Bolivia podrá retener sus divisas, frenar el comercio ilegal de prendas falsificadas y transitar, paso a paso, hacia un modelo económico donde el trabajo formal sea la regla y no una utopía inalcanzable.
La Aduana y el costo de su ineficiencia
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