En Bolivia, y quizá en el mundo, todo tiene su día. Son fechas para recordar, por ejemplo, las distintas profesiones y oficios que desempeña cada ser humano: médico, periodista, ingeniero, carpintero, fontanero, etc. También existen los días dedicados al teatro, la danza, el canto, etc. En cuanto a la naturaleza, sucede lo propio. Es así que el pasado 28 de junio se celebró el Día Mundial del Árbol, fecha instituida en 1969 en un Congreso Forestal a nivel internacional, que fue validado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura en 1971. En nuestro medio andino, muchos no son amigos de los árboles, pues siempre andan rompiéndolos y hasta sacándolos desde sus raíces, sin darse cuenta de la enorme importancia que tienen para el ser humano, al conservar el medioambiente. En nuestro país el Día del Árbol es celebrado cada 1 de octubre.
El Día Internacional del Bikini se lo celebra cada 5 de julio. Desde la presentación oficial del primer bikini, obra de un ingeniero francés, Louis Réard, que aconteció en 1946 en París, Francia, cada año se realizan diversos encuentros para hacer conocer los “últimos gritos de la moda” de este atuendo femenino que, en su inicio, causó conmoción y controversias, pues la sociedad era muy puritana entonces y observó que ese implemento venía a constituir una especie de desafío a la moda en vigencia y hasta a la moral pública. Hoy, la mujer busca lucir incluso el más atrevido, tal como demuestran artistas del celuloide en playas, piscinas, saunas, etc. Se puede decir que lo “mojigato” quedó atrás.
Por otra parte, el 6 de julio fue el Día Internacional del Pollo Frito. Según datos recabados, esta celebración tiene su origen en Estados Unidos, donde se ha convertido en símbolo de la gastronomía sureña desde el siglo XIX. Por supuesto que hay diversas recetas para su preparación, con influencias africanas y europeas, pero que han ganado el paladar de todos.
En La Paz, Bolivia, tenemos cada 6 de julio el Día de la Marraqueta, conocida como “pan de batalla”. Quién no prefiere un café caliente, con su marraqueta crujiente, acompañada de un buen trozo de queso, o como almuerzo, con sus infaltables plátanos y gaseosa. Se comenta que fue creada por un panadero de origen griego allá por el año 1908. Mientras otros sostienen que dos hermanos daneses, empezaron a comercializar este crujiente pan en nuestra ínclita ciudad allá por el año 1920. Se da cuenta que durante la Guerra del Chaco (1932-1935) debido a la escasez de alimentos, el presidente de ese entonces, Daniel Salamanca, habría solicitado a los panaderos elaborar un producto económico, duradero y fácil de preparar para enviarlo a las tropas bolivianas y la marraqueta cumplió tales requisitos y resistió las duras condiciones de transporte hasta el frente de batalla. Hoy es Patrimonio Cultural paceño.
En fin, todo tiene su día y digamos que está bien, con tal de que no inventen el “día nacional del bloqueo o del bloqueador” o hasta del “criminal”.
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