Si caía La Paz, caía el Gobierno. Felizmente no han caído. La resistencia democrática paceña, que se mantiene unida, firme e inclaudicable, ahora más que nunca, puso en prueba su valentía, al rechazar al vándalo, que vino a destruir su ornato público, a saquear la propiedad privada y exterminar de hambre, a niños, adultos y enfermos. Un flagrante atentado a la vida, a la salud y la seguridad ciudadana, ejecutado por quienes obedecían ciegamente, la consigna política. Los defensores de los Derechos Humanos se hicieron de la vista gorda. Ellos parece que fueron electos para defender a la gente ideologizada. Mayor atención prestaron a quienes cometían tropelías. Inclusive llegaron activistas y parlamentarios extranjeros para defenderlos. Una inaceptable y repudiable injerencia externa en asuntos internos.
Los bolivianos siempre hemos resuelto nuestros problemas entre nosotros, sin participación de ajenos. Menos de agentes del Socialismo Siglo XXI. Sin permitir que foráneos metan su nariz en territorio patrio, particularmente en territorio paceño. La Paz, que cobija a ciertos políticos, para que se ganen la vida, no les ha importado. Que falta de vergüenza. No es protegida, por lo visto, por aquellos supuestos defensores de los Derechos Humanos, mientras la “ley de la selva”, continúe causando intranquilidad. La sede de gobierno no ha claudicado a sus principios de convivencia civilizada. Ha soportado heroicamente las agresiones, de quienes alentaban acciones golpistas, instruidas por un personaje oculto en el Trópico.
Cincuenta días de bloqueo, no han logrado doblegar a La Paz. Tampoco a la democracia, que resurgió de las entrañas de esta ciudad. Sus calles, no olvidemos, fueron teñidas con la sangre de sus hijos, de tendencia democrática. Sus muertos fueron cubiertos, con el sudario de rojo, amarillo y verde. Con tales sacrificios se logró recuperar la democracia que seguirá su curso, posiblemente ahora más fortalecida con el respaldo de quienes son sus partidarios. Debido a que está profundamente enraizada en la conciencia nacional. La resistencia democrática, pese a los cercos y al desabastecimiento de alimentos, no ha claudicado, en sus objetivos de preservar el sistema de la libertad.
Cincuenta días de bloqueo, que han dejado entre sus protagonistas cansancio. Además, resquicios de divisionismo. Es que no lograron quebrantar la democracia boliviana, ni lograron la renuncia del presidente Paz. Lo único que hicieron es provocar el colapso económico nacional. Elevaron los índices de desempleo y empobrecieron aún más al ciudadano de a pie. Cerraron actividades de los emprendedores y muchos de ellos se irán de La Paz. Posiblemente al oriente boliviano.
En suma: La Paz se recuperará con el esfuerzo de sus propios hijos. Dios proteja a la cuna de Murillo y bendiga a los paceños.
La resistencia democrática
Severo Cruz Selaez
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