Todo hecho o fenómeno, tanto de la naturaleza como de la sociedad, tiene una causa. Absolutamente en todo existe una relación de causa y efecto. Todo tiene un origen, nada existe de por sí.
En medicina, si el médico no atiende al enfermo en la causa u origen de la enfermedad, nunca podrá curar a su paciente. De ahí que el diagnóstico es clave, es decir el proceso de análisis y evaluación para identificar el origen o causa de la enfermedad.
En el Derecho Penal existe el principio de la “conditio sine qua non”, expresión latina que significa “condición sin la cual no”, y es empleado para determinar la relación de causalidad entre una acción humana y un resultado. Por ejemplo si una persona disparó a otra, causándole la muerte, determinar si esta acción (el disparo) fue la “causa eficiente” del delito.
Estos enunciados tan elementales deberían servir para resolver desde los problemas más sencillos hasta los más complejos y principales en la vida en sociedad.
La causalidad aristotélica establece que el conocimiento científico implica conocer las causas de por qué algo es, debiendo llamar la atención que se esté haciendo costumbre entre nosotros discurrir sobre asuntos políticos, centrando la atención sólo en los efectos, abstrayendo sus causas, actitud que es del todo desaconsejable.
Bolivia vive una vez más una circunstancia de convulsión social, lo que habría que hacer es determinar prioritariamente cuál es la causa o las causas de este desajuste, porque mientras sólo se mire a las consecuencias o efectos de la misma se hará un trabajo infructuoso y el problema una vez que se lo detenga… se repetirá.
Esta forma de actuar da lugar a que se repita el fenómeno, repetición que en Bolivia se produce durante más de 200 años desde la fundación de la República, porque se mira sólo al momento de los efectos, no se conoce que se ataque a las causas de nuestra condición de país atrasado y dependiente, dando por resultado que el que sale perdiendo es únicamente el ciudadano. Los políticos no pagan el error.
El autor es jurista.
