Con relación a la historia de las asambleas constituyentes o convenciones constitucionales que se realizaron en la historia de Bolivia, se debe recordar a cinco que fueron asambleas legítimas y otras diez fueron producto de circunstancias históricas.
Asambleas constituyentes fueron la de 1825, que fundó a Bolivia. La segunda con motivo del derrocamiento de Mariano Melgarejo en 1871. La tercera en 1880, como fruto de la derrota del país en la Guerra del Pacífico. La cuarta fue en 1899, como efecto de la derrota del ejército de la sede del gobierno en Sucre. La quinta se realizó en el Gobierno de Germán Busch, en 1938. La sexta en el gobierno de Gualberto Villarroel, y la octava en el gobierno de Evo Morales, en 2006-2007. Todas ellas hicieron cambios profundos en la Constitución, excepto la que se limitó a ratificar la Constitución de 1880.
Ahora se plantea una nueva Asamblea Constituyente, en vista de las profundas alteraciones históricas, políticas en general y el interés de la ciudadanía en reencauzar a Bolivia en su propia línea de desarrollo histórico.
Todas esas constituyentes fueron determinantes, salvo excepciones. Todavía no se ha analizado los contenidos de esos documentos fundamentales que, en todo caso, fueron de importancia para el país. En particular, la primera constituyente señaló que Bolivia se creó como Nación. El nuevo gobierno, a partir de 1850 declaró que Bolivia era una República, título que conservó hasta 2009, cuando se le asignó el nombre de Estado Plurinacional.
Esas experiencias en materia de asambleas constituyentes, son valiosas. Entre otras, de valor permanente, se encuentra, por ejemplo, la de 1871, convocada por el presidente Agustín Morales, la cual se realizó con las técnicas legislativas legales y llevó al país por la línea nacional y democrática. Fue convocada ante la insurrección del pueblo paceño que derrocó al gobierno de Mariano Melgarejo y en su desarrollo anuló todas las medidas dictadas por el tirano durante seis años.
El nuevo gobierno convocó a elecciones generales a cumplirse a los tres meses de su dictación. Triunfante la insurrección popular paceña, de inmediato se formó un gobierno provisional revolucionario, el cual convocó a una Asamblea Constituyente.
Formado el Gobierno Provisional, de inmediato aprobó un programa de acción democrático y, al mismo tiempo, de acuerdo al programa, evitó el debate de otros temas que no sean los aprobados, con el fin de evitar discusiones absurdas e inútiles que trataban de desviar el curso de la historia hacia la restauración del melgarejismo campante.
En efecto, la Asamblea se concentró en dictar una Constitución democrática y no permitió el retorno de las economía feudal del tirano de Pojo. Esas experiencias son las que, al presente, se actualizan y deben ser objeto de estudio y cumplimiento en alguna oportunidad pertinente. Este último aspecto debería ser objeto de otro análisis.
Lecciones históricas para una nueva Constituyente
Luis Antezana Ergueta
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